—Está bien, estaré ahí —le respondí, desconcertada, pero aún más intrigada. Terminada la conversación, llegó el taxi que esperaba. Luego de abordarlo, este me llevó a casa de mi hermano. Aunque esperaba poder razonar con él, mi intuición me decía que sería todo lo contrario. Y vaya, tuve razón. —Señora... —me recibió, sorprendida, una mujer que aparentemente era la nueva empleada de la casa. —¿Qué es todo esto? —pregunté al mirar detrás de ella, observando humo de cigarro y colillas tiradas en el suelo. Sin pensarlo dos veces, entré y encontré a Hermes junto a otras mujeres que reían a su alrededor. —¡Esto es el colmo! —dije completamente enojada. —Ay, ¿y esta quién es? —dijo una de las mujeres que lo acompañaba. —Hermes, dile a todas tus amiguitas que se vayan ahora mismo. —Ay, ¿

