TE ODIARÉ HASTA AMARTE -6 Dayana Desde el día del paseo por el jardín, en el que hice el desafortunado comentario del beso, la tregua que existía entre Lucien y yo se desvaneció. Pareciera como si al fin fuera consciente de mi plan para tenerlo alejado de Sam y de Annie, y hacía todo lo posible por evitarme. Ya no pedía estar a solas con la bebé, pues sabía que mi presencia era ineludible. Si quería hablar con Sam, le pedía que lo acompañara al despacho y cerraba la puerta tras de sí. El miedo que me provocaba que el señor Johnson se enterara de que mi trabajo no lo estaba desempeñando de manera correcta, me aterraba. Pero independientemente de ese aspecto, el sarcasmo con el que se dirigía a mí, me hacía sentir mal. Era una incomodidad dentro de mi que se confundía con ¿Dolor?

