- Eres un maldito hijo de perra – gruñí enfurecida, tan confundida, sus palabras llenas de veneno, mintiendo, buscando dañar, no podía ser verdad, me negaba a creerlo. Me voy contra él, lo derribo con una fuerza que desconocía y una vez ambos en el suelo, yo sobre el cuerpo de Erick clavo mis rodillas en sus muslos, mi ante brazo presionando contra su pálida garganta y con la otra mano sostenía un objeto filoso contra su pecho, justo sobre su corazón lista para clavárselo en el pecho. En este castillo había bastantes cosas filosas al alcance, confían demasiado en su capacidad de regeneración. Lo único que no encontraba era plata. - ¡Mentira! ¡Todo lo que dices es una mentira! ¿Qué es lo que ganas diciendo eso? ¿Qué ganas? - Su cuerpo se convulsionaba por las fuertes carcajadas, era estú

