21

1565 Words
Jadeó angustiado mientras entraba a la dichosa biblioteca, la cual había estado buscando por más de media hora, ya que realmente no sabía en dónde se encontraba hasta en ese momento, en donde tuvo que preguntarle a Sook después de estar divagando por toda la universidad. Varios días habían pasado desde el día en que practicó sus capacidades y su pobre cachorro casi sale volando por la ventana. Días en los que se había dado cuenta que, aunque lo intentara, era muy difícil el controlarlo. Por lo que simplemente se concentraba en evitar que los demás se dieran cuenta. Al ir caminando distraído, no se dio cuenta cuando chocó con una chica, haciendo que ambos cayeran de culo al suelo, un quejido saliendo de los labios de ambos. ―Lo lamento mucho―dijo mientras se acariciaba su espalda baja, ya que el golpe había dolido. Un chico que estaba a su lado lo ayudó a levantarse, tomando su mano con agradecimiento. En ese momento pudo ver a la chica con la que había chocado, notando que era Sunnie. ―Oh no, tú, hijo de puta―jadeó molesta mientras se levantaba por su cuenta, ya que el chico que le había ayudado no parecía tener real interés en ayudar a la chica también. Ella, totalmente indignada, sacudió su pantalón. ― ¿Estás bien? ―le preguntó el chico a Seung, haciendo que el castaño se fijara en él, notando luces sinceras y tranquilas, por lo que le devolvió la pequeña sonrisa. ―Sí, gracias por ayudarme. El choque fue mi culpa. La chica, quien se había mantenido callada en esos pocos segundos, bufó con indignación mientras se cruzaba de brazos. ― ¿Por qué no me ayudaste a mí? Ese idiota me hizo caer―dijo con molestia mientras señalaba a Seung, haciendo que el castaño rodara los ojos, por que la chica era sumamente irritante. ―Porque yo vi cómo te moviste solo para chocar con él―le dijo con voz seria mientras se colocaba al lado de Seung―Y para el colmo lo llamas idiota, cuando en realidad lo eres tú. Seung quiso soltar una risita por la cara que se le había quedado a la chica, quien se notaba realmente indignada con sus palabras. ―En serio no entiendo cuál es tu necesidad de ser mala conmigo―se encogió de hombros el castaño mientras hablaba, la chica regresando su vista a los ojos del castaño, con una mueca de molestia en su rostro―Jamás hice nada malo, siempre fui bueno contigo y tu odio comenzó de forma ilógica―inclinó ligeramente la cabeza―Y ahora me haces caer, para después hacerte la víctima. El chico de nombre desconocido, el cual estaba guardando un libro en su mochila antes de apreciar la escena, se cruzó de brazos, no queriendo irse, porque la situación era realmente interesante. Además de que se veía que esa chica era algo violenta y posiblemente querría hacerle algo al chico castaño, por lo que se quedaría, por si las dudas. ―Por tu culpa Sook terminó conmigo, todo por tu tonto capricho por el asiento del copiloto―el chico de nombre desconocido levantó una ceja, confundido. No sabía del chisme, pero ya que estaba ahí y el chico castaño no lo había echado. ― ¿Por qué mientes tanto? Yo solo mencioné que me mareo en los viajes y los chicos me dijeron que fuera en el asiento de copiloto, tú eres la que tenía esa obsesión por ir adelante y yo no te dije nada―dijo con voz firme, molesto―La que tiene un problema eres tú y tu relación terminó por tu asquerosa actitud. La chica abrió la boca con indignación, tomando su mochila, la cual había caído por el golpe, ya que no pensó que ambos se caerían de culo y se la colocó con molestia. ―Igualmente ya estaba harta de estar en ese grupo de descerebrados―dijo como último punto, para después comenzar a caminar, dándole un empujón al menor. Seung apretó las manos con molestia y miró a la chica, la cual comenzaba a alejarse. Sin embargo, su vista se enfocó en el charco de lodo que había frente a ella, deseando con todas sus fuerzas que este fuera lo suficientemente líquido como para que esta cayera. Y no, no era lo suficientemente líquido, pero Seung lograra que este se ablandara lo suficiente como para hacerla caer. Sunnie soltó un grito agudo mientras caía de culo al suelo, llenándose hasta el cabello de la tierra mojada. Como no había demasiadas personas por la biblioteca, nadie la ayudó. ―Bueno, el mundo te vengó―dijo el chico desconocido, haciendo que la vista de Seung recayera sobre él nuevamente―Como en los doramas cuando a las malas les pasa algo vergonzoso después de molestar a la protagonista. El castaño soltó una risita, pensando en que sí, podría decirse que el mundo era quien lo había vengado. ―Supongo que sí―soltó una risita―Gracias por ayudarme, realmente no pensé que ella haría algo como eso. Ni siquiera la vi llegar. El chico asintió, ya que él tampoco podía entenderlo, aunque tenía solo segundos de conocer al chico castaño. ―No es nada, por cierto, mi nombre es Kwan, Kim Kwan―le dio una reverencia, haciendo que el menor le correspondiera―No estoy seguro quién es el hyung aquí. ―Yo tengo veintiuno y soy de diciembre―dijo, haciendo que el pelirrosa abriera los ojos con sorpresa. ―Yo también tengo veintiuno y nací en diciembre, es una gran coincidencia, creo yo―soltó una risa, la cual hizo que el menor sonriera, porque tenía una risa sumamente peculiar y contagiosa―Si también nacimos en el mismo día, creo que ya voy a comenzar a asustarme. ―Yo nací el treinta―comentó, haciendo que el pelirrosa suspirara exagerado, soltando otra risita. ―Yo nací el cuatro, así que por pocos días soy tu hyung―se encogió el mayor de hombros anchos, haciendo que el castaño diera otra reverencia pequeña― ¿Tu nombre? ―Kim Seung―dijo, haciendo que el pelirrosa soltar un jadeo, Seung sintiéndose cómodo. Kwan tenía luces bastante amigables, las simpatía y buena vibra recorrían su cuerpo, haciendo que se sintiera en confianza, aunque aún no podía dejar salir su personalidad a flote. ―Bueno, no creo en el destino, pero tenemos tantas cosas en común que creo que fue parte del destino conocernos―dijo con gracia, haciendo que Seung riera con sinceridad―Bueno, vi que ibas a la biblioteca, así que imagino tienes muchas cosas que hacer. El castaño abrió los ojos de golpe al recordar a dónde iba en primer lugar y también lo que tenía que hacer. También tenía a alguien esperándolo en el estacionamiento de la universidad. ―Oh mierda, es verdad―jadeó mientras sacaba su celular de su bolsillo, notando que tenía algunos mensajes de Minho, quien le preguntaba si había logrado encontrar la biblioteca, ya que el castaño había insistido en que se encontraran en el estacionamiento―Debo irme, nuevamente gracias por la ayuda―dio otra reverencia mientras comenzaba a retroceder. ―No es nada, un gusto conocerte―sonrió el chico pelirrosado mientras retomaba su camino, igualmente. ― ¡Igualmente! Dio media vuelta y entró a la biblioteca lo más rápido que pudo, ya que realmente tenía prisa y no quería que el tatuado esperara mucho más. Tuvo que presentar su carné de la universidad y pedir algo de ayuda para poder encontrar los libros que necesitaba, ya que al día siguiente comenzarían los parciales y necesitaba de algunos libros para tener una información más acertada. Le había pedido ayuda a Minho con algunos temas de matemáticas que él no había terminado de comprender, sin embargo, esos libros eran para otra materia, una en la cual necesitaba ver las ilustraciones, por lo que le pidió a Minho si podía esperarlo un momento mientras él iba por los libros. Firmó lo necesario para poder tener los libros por cuatro días y salió casi que corriendo de la biblioteca. Cuando llegó, tenía algo de sudor en su frente, el tatuado lo veía desde el interior del auto con una sonrisa y las cejas alzadas, ya que se veía que había pegado una carrera para poder llegar. El menor abrió la puerta del copiloto mientras jadeaba por el cansancio, no era muy bueno en cuanto a resistencia. ―No era necesario que corrieras, iba a esperarte, de todos modos―le dijo el tatuado mientras tomaba la mochila del menor, colocándola en el asiento trasero, para que el castaño pudiera ir cómodo. ―Lo sé, pero no quería que esperaras demasiado. Después de todo eres quien va a ayudarme a estudiar, como mínimo debería estar a tiempo―el tatuado soltó una risita mientras negaba―Y por eso me dejarás cocinar el almuerzo. Minho encendió el auto y comenzó a salir del estacionamiento. ―Ni lo pienses, eres mi invitado, por lo que yo cocino―intentó refutar, pero sabía que con el castaño era en vano. ―He dicho que yo cocinaré y punto. Minho se mordió el labio inferior mientras sonreía, manteniendo la vista en la carretera. Era un necio.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD