Capítulo uno

1440 Words
Skyler —¿Te quieres apurar? —Me gritó mi hermano desde dentro del auto—. Si repruebo asignaturas por llegar tarde a clase será por tu culpa.  Rodé los ojos.  Qué exagerado.  —No jodas, es el primer día de clases —repliqué, subiéndome al coche.  —No tiene nada que ver que sea el primer día de clases. Te conozco y sé que será lo mismo todos los días.  —No es verdad —mentí.  —Lo es —contradijo.  Por supuesto que era verdad.  Yo no pensaba tener que levantarme de lunes a viernes una hora antes para ir al colegio. Mi método desde que empecé la secundaria siempre había sido levantarme media hora antes de la entrada a clases. Nací con el don de la rapidez para cepillarme los dientes, ducharme, cambiarme, desayunar y llegar a tiempo a la escuela. Cuando llegaba la hora de despertarse la cama solía abrazarme y no querer soltarme. La alarma siempre estaba puesta a las seis de la mañana, pero mi preciada cama me decía que me quedara media hora más. Y por supuesto que yo le hacía caso, le tenía demasiada lealtad a ese cómodo colchón. —Luke, este año no estarías apurado para ir a clases si no hubieses repetido el tercer año. En este momento tendrías que irte sin preocupación alguna a la universidad, como lo hace Ryan.  —Sabes por qué repetí —se defendió luego de girar la llave para arrancar el vehículo.  —Sí, porque eras vago y no querías sentarte a estudiar.  —No, por los entrenamientos.  —Tenías entrenamiento a las cuatro y salías de la escuela a las dos treinta. La práctica duraba una hora nada más, cuando llegabas a la casa tenías tiempo para estudiar para los exámenes —refuté.  Luke siempre fue demasiado desinteresado en lo que a la escuela se refería. Era un chico demasiado inteligente, todos lo sabíamos, pero él jamás lo demostraba en el colegio. Tenía promedio de seis todos los años, excepto en tercero; reprobó casi todos los exámenes y, como no quiso asistir a la escuela de verano, le tocó repetir. Ahora estaba en quinto conmigo, y era la desventaja que yo tenía que soportar porque mi hermano no pasó el año. Luke era bastante molesto en las clases y la mayor parte de las veces me terminaban llamando la atención a mí cuando en realidad el de la culpa era él. —No puedes decir nada, tú también eres bien vaga, Skyler.  Totalmente cierto.  Mi promedio era parecido al de Luke. Algunos años seis, y otros, con suerte, de siete. Pero en mi defensa podía decir que siempre me costó horrores la escuela. Y mucho más cuando los exámenes se acumulaban en una semana. Me producía mucho estrés y mi concentración se esfumaba y se centraba en las moscas que volaban a mi alrededor.   —Si llegamos tarde te voy a culpar —amenazó y yo lo miré.   —¿Tan asustado estás de que la tía no te deje jugar fútbol americano?  —Adoro el deporte, en especial el fútbol, y la tía ha sido demasiado clara con que, si no saco buenas notas, no me dejará asistir a las prácticas. Además, por si quieres saber, me gustaría que sea un mejor año. Uno en el que no me tenga que preocupar por si repito o no. Tengo que ser más responsable, llegar a tiempo, eximirme en todas las asignaturas —comentó.  Lo miré expectante, asombrada ante sus acotaciones, pero le dije: —Debe ser el entusiasmo del primer día de clases. Estoy segura de que se te pasará.  —Yo también —se rio.  —Además, te conozco, si no te dejan salir te irás por la ventana de tu cuarto.  —A veces hay que recurrir a ciertas medidas cuando la situación lo requiere —dijo—. ¿Te sientes nerviosa? —inquirió.  Negué con la cabeza y lo observé un instante.  —¿Te refieres por ser la nueva? —alcé las cejas. Él asintió y yo pensé mi respuesta un poquito mejor—. Bueno, sí, eso creo —admití—. ¿Tú? —No —respondió.  —¿Por qué no? —Porque prefiero ponerme nervioso para cosas como un torneo, no por ser el nuevo.  —Cómo jodes con el fútbol.  —¿Algún problema con mis gustos? —me miró.  —Ninguno —respondí—. Creo que por primera vez estoy contenta de que vayamos juntos al mismo año. Pero por favor te lo pido, no me avergüences —dije, buscando mi teléfono por todo el auto. ¿En dónde será que lo dejé? —Lo haré si me haces llegar tarde.  —¿Has visto mi teléfono? —le pregunté, ignorando su amenaza.  Negó.  —¿Has visto mi bolso? —inquirí desorientada mientras observaba los asientos de atrás en busca de mis pertenencias.  —No te vi entrar con ningún bolso —dijo, y yo lo miré.  Oh, oh.  —No me digas que te olvidaste las cosas de la escuela —indagó.  —No... —mentí, y él me observó incrédulo. Mi memoria proyectó el momento exacto en que dejé sobre la mesa el bolso con mis libros y cuadernos necesarios para la jornada escolar. Luke me estaba apurando y tenía que hacer pipí de lo más rápido. Cuando terminé, mi hermano ya estaba dentro del auto y siendo un pelmazo tocando la bocina repetidas veces para que apresurara el paso. Estaba aún despertándome cuando salí de la casa, era lógico que me olvidara las cosas—. Bueno, sí —respondí, apenada.  —¡Skyler! —me retó.  —Bueno, tú fuiste quien me apuraba —me defendí, y Luke dio la vuelta para regresar a casa. Podía notar que no estaba enojado pero sí frustrado. Me peiné el cabello hacia atrás y se me escapó una risita.  —No es gracioso.  —Perdón. El transcurso a casa fue rápido, tranquilo y silencioso. Revisé el interior de mi cartera y me aseguré de que mi teléfono se encontrara dentro. Me colgué la tira sobre el hombro y salí a las corridas de mi nuevo hogar.  —No sabes cómo te haré pasar vergüenza hoy... —acotó.  Nos demoramos al menos cinco minutos en encontrar lugar para estacionar. Había demasiados vehículos, sobre todo motocicletas. El reloj de mi celular marcaba las siete quince, y estaba segura de que nos llamarían la atención. No había nadie en la salida y asumí que las clases comenzaron a las siete en punto.  —Corre —me dijo Luke y me tomó la mano para empezar a correr junto a él—. Tenemos que buscar los horarios.  —No presiones tan fuerte mi muñeca —pedí, pero no me hizo caso.  Comencé a sentir cierta presión en la panza, estaba más nerviosa de lo que pensé que estaría. Habíamos llegado demasiado tarde, no encontraban nuestros horarios, y era el primer día de escuela en un lugar nuevo. Y eso era aterrador. Hacer nuevos amigos, platicar con la gente... Siempre me consideré una persona social y extrovertida, pero no siempre solía serlo a la primera. Me dediqué a caminar junto a mi hermano por los pasillos del instituto, intentando encontrar el aula en que nos correspondía estar en la primera hora. Afortunadamente teníamos asignada la misma clase, y digo «afortunadamente», porque no quería estar sola. No sabía cómo eran los alumnos allí.  —Llegamos tarde, Skyler. Supertarde —me dijo.  —No hace falta que lo digas, ya lo sé. —Es tu culpa.  —No es mi culpa que no encontremos el aula.   —Es tu culpa porque no te levantas temprano —replicó—. Mañana a las seis en punto estaré golpeando la puerta de tu habitación.  —No me jodas.  —Creo que estamos dando vueltas en círculos. El edificio es enorme. —Pregúntale a él —dije, y señalé con la mirada a un chico vestido de n***o que caminaba en dirección nuestra.  Mi hermano me miró confundido, y con expresión de ansiedad en el rostro. El chico pasó por mi lado y su aroma a perfume se introdujo por mis fosas nasales.  —¿A quién? —preguntó, y yo elevé las cejas. Me detuve y miré hacia atrás: —A él —señalé, pero cuando me di cuenta, no había nadie. ¿Cómo es que se había ido tan rápido? ¿Acaso corrió? Eso no podía ser posible porque no oí nada parecido a pasos apresurados.  Luke siguió caminando, y le seguí, extrañada.  —¿En serio no lo viste? —inquirí, y él se limitó a negar con la cabeza.  —Comienzo a pensar que estás loca —respondió, y yo no dije nada. El chico permaneció en mi cabeza hasta que al fin logramos encontrar el aula correcta. Sentía cosquillas en la panza, estaba más nerviosa que antes, e inclusive tensa.  Mi hermano nos presentó ante el guapísimo profesor que nos había tocado, y yo me dediqué a ver a mis compañeros de clase.  La primera hora era de química, y yo odiaba la materia con todo mi ser. Siempre me fue pésimo, no entendía un comino de lo que se hablaba y la mayoría de veces terminaba dormida. Eran clases tediosas para mí, y por eso siempre la tenía que ir a rendir en la escuela de verano.  —Lamento muchísimo la demora, profesor White. Mi hermana desayunó algo en muy mal estado, le cayó bastante de lo peor, y estuvo como casi una hora en el baño haciendo del dos —comentó, yo me morí de la vergüenza, y mis nuevos compañeros empezaron a reírse.  Qué bonito, Luke.  Vaya manera de comenzar el día.
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