: --- Por Rodrigo Álvarez La sala de espera del hospital olía a desinfectante y ansiedad. Rebeca estaba dormida sobre una silla, mi madre rezaba en silencio… y yo caminaba de un lado a otro como un animal enjaulado. La niña estaba en observación. Habían autorizado la cirugía… pero el papeleo aún no estaba completo. No tenía el dinero. No tenía el trabajo. No tenía cabeza. Y entonces… la vi. Zapatos de tacón medio, jeans ajustados, blazer beige claro, el cabello recogido en una coleta alta, lentes oscuros, y esa cartera que debía costar lo que toda mi casa. Valentina Ruiz. Caminando firme por el pasillo del hospital como si fuera la dueña del edificio. —¿Qué haces aquí? —le pregunté apenas se acercó, sin poder disimular mi sorpresa. —Recibí tu mensaje —dijo con una calma que d

