--- Sebastián salió del hospital como un torbellino. El corazón le latía como un tambor de guerra. Apenas cruzó las puertas del centro médico, sacó su teléfono, marcó a su contacto en el Departamento de Investigación Criminal y se lo soltó sin rodeos: —Esto no fue un accidente. Quiero un equipo revisando las cámaras, los trayectos, la placa de esa jeepeta. No quiero excusas, quiero resultados. Alguien quiso matar a Valentina Rivas… y yo voy a descubrir quién fue. La voz al otro lado del teléfono reconoció el tono implacable. Sebastián no estaba hablando como un empresario ni como un primo preocupado, hablaba como un hombre que había perdido demasiado para seguir confiando en el azar. —Estamos en eso, señor... pero si hay algo más que sepa, cualquier pista, háganosla llegar —respondió e

