--- Valentina Ruiz Narrado en primera persona Desperté con la brisa del mar entrando por la enorme ventana de la suite presidencial. El sol apenas comenzaba a pintar el cielo de naranjas y rosas, y a mi lado, Rodrigo dormía como un ángel… uno de esos con tatuajes y cuerpo de pecado. Me giré lentamente, observándolo. Sus pestañas largas, su mandíbula firme, sus labios entreabiertos. Quise despertar así por el resto de mi vida. Me acerqué y le di un beso suave en el pecho. Abrió los ojos y sonrió, aún medio dormido. —Buenos días, mi reina. —Buenos días, mi amor. Hoy será un día precioso. Nos duchamos juntos entre risas y besos rápidos. Me puse una bata de seda blanca y salimos a desayunar con la familia. Emily ya estaba lista, jugando en la arena, y al vernos, corrió hacia Rodrigo co

