--- Valentina Ruiz Conduje hasta su casa con el corazón en la garganta y el orgullo en los pies. Mi Range Rover blanca se detuvo frente a aquella casa humilde, con sus paredes de concreto liso y un pequeño jardín de rosas que su madre cuidaba con amor. Bajé despacio. Llevaba un vestido crema ajustado, maquillaje ligero, labios desnudos, cabello suelto… y un alma temblando por verlo. La puerta de la casa estaba entreabierta. Escuché risas… pequeñas salpicaduras. Me asomé. Rodrigo estaba en el baño, bañando a Emily. —Te estás portando como una sirenita —le decía entre carcajadas—. Ya casi terminamos, princesa. Cuando él volteó y me vio a través del marco de la puerta, se quedó congelado. Yo di dos pasos al frente. Tragué saliva. —Quiero hablar contigo… en un lugar privado —le dije c

