16 de septiembre, 2027. Keira. —Oye, oye, oye. Escucho a lo lejos como me llaman, segundos después, un golpe suave cae sobre mi brazo. Giro mi cabeza con instintos de asesina y clavo mis ojos en el golpeador. Julián tiene las cejas arrugadas y sus ojos achicados, niega con la cabeza soltando un suspiro con exageración; señaló con su dedo a la pantalla gesticulando una palabra, específicamente: Concentración. —¿Te encuentras bien? —preguntó, conozco ese tono de papá preocupado. Cada vez que tengo problemas, anda al pendiente de que no cometa otro error porque a pesar de ser una mujer adulta, con un sueldo fijo, a veces mi comportamiento me lleva a incurrir. Desde que nos conocimos en el instituto, en mi segundo año, siempre andaba viendo que no me tropezara, tiene esa manilla de manten

