resentimiento

1217 Words
Le gritaba furiosa a mi madre, no iba a permitir que ella se interpusiera en mis decisiones. — ¡Vas a convivir con él, me entiendes! — me gritaba mi madre furiosa a fuerza, quería que yo estuviera con Ulises, aquel hombre que me daba repugnancia. — ¡No conviviré con la mamá! — le grité a mi mamá de nueva cuenta. Pero mi madre me agarra fuertemente del brazo, tanto era su agarre que me estaba lastimando. — Suéltame mamá, me estás lastimando — vociferaba desesperada al ver que mi madre me apretaba fuertemente del brazo. — ¡Harás lo que yo te diga, me entiendes! — me gritaba de nueva cuenta mi madre, pero yo resistía para no hacer caso a sus órdenes. — No me puedes obligar a estar con él — le recriminé a mi madre soltándome bruscamente de su agarre. — ¡Entiende de una vez que Raphael es un pobre diablo! Ulises te puede dar lujos, darte todo lo que necesitas — me dice mi madre agarrándome de las manos intentando convencerme para que yo dejara a mi novio, pero yo no quería dejarlo lo amaba demasiado como para alejarme de él. — ¡Nada me importa, yo me quedaré con Raphael mamá! ¡Lo amo mamá! Y nada impedirá estar junto a él — le grité a mi madre tratando que ella entendiera, pero era imposible, ella nunca entenderá que yo amo a mi novio más que a nada y le pesara a quien le pesara, yo siempre estaré con él. — Estarás en esa cena, cueste lo que cueste mañana, él vendrá a cenar — me sentencia mi madre furiosa. Para luego salirse furiosa de mi cuarto, tome mi maleta para irme con Raphael a Galicia, el faro de la isla Pancha en Ribadeo era un lugar de ensueño, ya que yo amaba ese lugar, había ido con mi padre antes de morir aún recordaba cuándo mi papá me llevaba de paseo cuando ella era una niña tome la foto de mi padre llevándola hacia mi pecho extrañaba su voz su cariño y los consejos que él me daba como deseaba que él estuviera conmigo, pero los deseos casi nunca se vuelven realidad. — Te extraño papá — susurraba viendo la foto de mi padre. Mientras que Jeanette llegaba a la casa, sube las escaleras cuando me ve con la foto de nuestro padre. — ¿Qué haces con esa foto? — preguntaba mi hermana con enojo. — Solo miraba la foto de nuestro padre — le dije a mi hermana tratando de que ella se sentara conmigo y platicáramos, pero fue todo lo contrario, ella me miraba con rencor, ya que me quita la foto arrugándola. — Siempre te ha preferido — me contesta mi hermana con cierto odio en sus palabras. — Eso no es verdad, papá también te quería y lo sabes — le respondí a mi hermana tratando de acercarme a ella, pero fue en vano, puesto que se alejaba. — ¡Eso no es verdad! ¡Él siempre te quiso, siempre fuiste su consentida! ¡Siempre veía por ti! — me recriminaba mi hermana como si yo tuviera la culpa de todo. — ¡Por qué me odias tanto, Jeanette! Que te hice para que me odies de esta manera — le respondí a mi hermana con la voz quebrada. Pero mi hermana se reía al ver que yo estaba a punto de llorar. — ¿Sabes por qué te odio? Por qué siempre has tenido todo el cariño de papá, de mamá y de Raphael, todos te prefieren mientras que yo tengo que ser tu maldita sombra si no fuera por ti ¡Él jamás se hubiera fijado en ti nunca! — me gritaba mi hermana con fuerza y coraje al mismo tiempo. — ¡Nada de eso fue mi culpa al amor, no lo puedes forzar! El amor llega solo sin que lo busques — le agarre de los hombros tratando de que ella entendiera, pero era totalmente imposible. — ¡Tonterías si no fuera por ti Raphael estaría conmigo! Si no fuera por ti papá se hubiera despedido de mí, no sabes cómo hubiera querido que te murieras al nacer ¡Por tu culpa me quitaron toda la atención! ¡Te odio Aline, te odio! — me recrimina de nueva cuenta Jeanette y me gritaba cuanto me odiaba sin importar que yo llorara, pero no soporte más y le di una bofetada a Jeanette. — ¡Vete de mi cuarto! — le dije, ya hecha un mar de lágrimas, me habían dolido sus palabras ¿Cómo era posible que me guardara tanto odio? Ni yo misma lo sabía Jeanette, nada más se fue de mi cuarto mientras que yo corrí para cerrar la puerta y resbalarme hacia el suelo llorando. — Ojalá termine la carrera pronto para irme de esta casa — susurre mientras me levantaba del suelo para preparar mi maleta, contaba las horas, contaba los minutos para largarme para siempre de esta casa, abrí mi caja de ahorros, me di cuenta de que tenía suficiente dinero para irme con Raphael teníamos todo preparado con la ayuda del mejor amigo de mi novio quien nos ayudó a conseguir una cabaña sin darme cuenta de que ahí me propondría matrimonio… Al día siguiente Ulises fue a mí cada claro mi madre lo estaba esperando, él había llegado, mi madre lo abraza diciendo: — Bienvenido Ulises, esta es tu casa — susurro mi madre contenta. La cena había comenzado Jeanette y mi madre estaban encantadas con él mientras que yo solo estaba fastidiada la presencia de ese hombre me daba repugnancia Ulises me tocaba la mano, pero yo la quitaba apresuradamente mi madre me veía con enojo la cena se estaba tornando cada vez más tensa odiaba estar cerca de ese hombre más porque aprovechaba cada momento a solas para agarrarme la mano yo rogaba para que esa maldita noche terminará lo más pronto posible, horas más tarde la cena termina cuando de pronto el teléfono de la casa empieza a sonar era Raphael quien me estaba llamando trate de correr para alcanzar la llamada, pero la chica de la limpieza contesta el teléfono: — ¿Quién habla? — pregunta la chica de la limpieza algo confundida. — Hola, ¿Se encuentra Aline? — pregunto Raphael amablemente. — Si ahora se la paso — respondió la chica amablemente. — Se lo agradezco — dijo Raphael con amabilidad. Yo me acerqué mientras le susurraba: — Gracias — le dije sonriendo, la chica me sonríe dejándome sola con el teléfono claro que mi madre había escuchado todo. — Claro que sí tengo todo listo — respondí esbozando una sonrisa. — Verás que te gustara el lugar que tengo preparado para ti — me contesta Raphael, emocionado. — Seguro que si me encantará el sitio — le dije sonriendo también emocionada Moria por ver el sitio que Raphael me tenía preparado. — Te amo Aline ¿Lo sabes verdad? — me dijo Raphael con sinceridad, podía escuchar su sinceridad en sus palabras. — Yo también te amo Raphael, con todo mi corazón — le susurré mientras esbozaba una sonrisa, aquello me daba ternura y a la vez hacía que me sintiera segura de su amor.
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