—No. —Si. —No. —Uno más y me voy. —Es mejor que te vayas ya. Jareth no apartaba los ojos de Lisbeth, tenía una sonrisa ladina tan seductora que estaba llenando de un calor innecesario aquella amplia cocina de su lujosa habitación de hotel. Le dio la espalda y ella se quedó con la vista fija en aquel trasero apenas cubierto por un holgado pantalón de sudadera. Le caía perfecto. —Si quieres tocar, solo debes hacerlo, pero no observes mi trasero como si fuese un pedazo de carne. Aquellas palabras la sacaron de su rigurosa tarea de observación, se puso nerviosa y dejó caer lo que traía entre manos, nunca había sido una chica torpe, pero es que no podía concentrarse en más de una cosa cuando tenía a Jareth frente a sus ojos. Era casi ceremonioso, para ella verlo moverse con tanta flu

