—Tienes que cerrar la puerta —susurro al entrar a la habitación que no es de mi abue. —No, así se sentirá más excitante —waooo… Esta parte del mafioso no la conocía. Se inclina hacia adelante, me coge el muslo y la lava líquida me inunda la ingle. Muevo las piernas y junto, los muslos para controlar la pulsación que amenaza con convertirse en una palpitación tremenda. ¡Por el amor de Dios! Trago saliva cuando se inclina hacia mí a media altura y me posa los labios húmedos en la mejilla prolongando el beso toda una eternidad. ¡Maldito, tiene lo suyo! ¡Esto es señal que quiere sexo! Él permanece callado mientras yo lo observo pasmada, a la espera de una explicación. No obtengo más que la intensa mirada de sus ojos desde el otro lado de la estancia. Me siento como si estuviera analizándo

