No soy hombre de llorar, pero algo me debe de servir. Retrocedo y corro hacia la habitación de la enana, estoy seguro de que ahí encontraré un gotero para los ojos o algo que los irrite, tengo que aparecer como si todo esto fuese el fin del mundo para mí, aunque realmente sea así, solo que no estoy llorando, una cosa es miedo y la otra es que me ponga como loco a llorar. Paso a lado de la señora Katia, entro a la habitación de ella, rebusco como loco en las gavetas. —¿Qué es lo que buscas? —entra gritando, alzo la mirada y aún lleva el móvil en su oído. —Tengo una idea y sé cómo encontrarlas, pero ahora necesito un gotero para los ojos —ella frunce el ceño, y se resigna y me dice que en la tercera gaveta. Retoma la conversación y yo voy donde me dice ella, ¡listo! Agarro el gotero y de

