Ekatenina no es cualquier mujer y eso me ha quedado claro, me ha salvado más de una vez y eso me dice que ella es la elegida para mí, “es la mujer que el mafioso quiere”. —Tienes toda la razón, gracias, te prometo que buscaré una forma de arreglar esto —doy pasos lentamente hacia delante, con la intención de acercarme a ella tratando de que no me tenga miedo—, jamás fueron mis intenciones pedirte matrimonio de esta manera—eso puede que sea una directa, dado que el color de sus mejillas se fue tornando en rojizo. —No sexo hombre tatuado, sigo siendo tu enfermera y los trabajadores no se pueden acostar con sus jefes —recalca la última palabra, casi me ahogaba con mi propia saliva al escuchar eso—, lo nuestro solo será un compromiso, un contrato, ahora que lo hemos hablado puedo preguntarte

