Axel no comprendía todo lo que estaba pasando, pero en menos de cuatro horas había visto a personas que no había siquiera imaginado toparse ni por casualidad a lo largo de esos seis años y no lograba salir de la impresión al haber hablado con su hermano nuevamente.
Era de no creerse.
- Debo irme -le dijo a su hermano, luego de abrazarse en un par de veces más.
- ¿Qué? ¿A dónde irás? -el miedo se reflejó en los ojos grises de Billy. Su mujer se acercó a paso lento, en compañía de la pequeña.
- Vine a Perth por trabajo y tengo que reportarme con mi nuevo jefe o jefa en un par de horas -le tranquilizó ella acariciando sus mejillas rasposas por la barba crecida.
- ¿Dónde te estás trabajando?
- En el hospital, soy enfermera -sonrió de manera más amplía al ver a la niña correr a los brazos de su padre.
- Lo lograste, cariño. ¿Te veré pronto? ¿Dónde te estás quedando?
No sabía si era buena idea decirle en donde se estaba quedando, podía que la relación entre ambos prevalencia, pero no sabía que pensaba acerca de su relación cercana con Richard y Chris.
- Estaré en casa de una amiga, pero podrás encontrarme en el hospital en estos días.
- Ten por seguro que te iré a visitar pronto. Rose, te quiero presentar a mi esposa, Maggie y a mi hija, Nicole.
Axel se presentó con la mujer y Bella, había estado en lo cierto al decir que Billy se había ganado la lotería al encontrar a esa mujer, era tan dulce y amable que parecía sacada de un libro de cuentos infantiles y la pequeña Nicole, apenas tenía tres años, pero era tan adorable y una vez que entraba en confianza era un sol.
Axel estaba feliz de que su hermano tuviese una familia tan linda.
- ¿No quieres que te lleve a casa de tu amiga? -preguntó Billy cuando ella se despidió de todos.
La verdad es que no le caería mal un poco de ayuda para el camino, pero no deseaba incomodar a nadie.
- Descuida, debo ir directo al hospital, si no me apresuró llegaré tarde y mis jefes van a cabrearse conmigo.
Billy se carcajeó de repente y se puso colorado.
- Ahora dices malas palabras.
- No tienes idea de cuan frecuentemente las digo últimamente. Ok, te veré luego... Realmente fue un placer conocerlas finalmente luego de tanto tiempo -esta vez se dirigió a Maggie y Nicole.
- El placer fue nuestro Axel. Billy me habló tanto de ti, que estaba ansiosa por conocerte.
¿De qué habría hablado Billy con su esposa de ella?
- Apenas tengas tiempo ven a mi casa para que conversamos con más calma, dile a Bella que te lleve -Billy la abrazó por última vez y besó la coronilla de su cabeza.
- Lo prometo -aseguró ella.
Había ingresado al cementerio con un estado de ánimo y estaba saliendo con uno completamente distinto, lo cual le hacía pensar que estaba teniendo un sueño muy largo y si era así no deseaba despertar.
El claxon de un auto la sacó de sus pensamientos y observó el auto n***o de Thomas cerca de donde ella estaba.
- Por Dios, Thomas -Axel se puso la mano en el corazón para calmar el palpitar exagerado de este.
- Lo lamento, he venido llamándote desde hace un buen rato, pero pareces estar en otro mundo -se disculpó el hombre.
- Así me siento exactamente, en otro mundo.
Se subió al auto y le contó sobre su encuentro con su hermano y Thomas pareció feliz por ella.
- Creí que le odiaba, ¿sabes? Pero no puedo explicar la sensación de volver a abrazarle, de que me llamara por mi nombre otra vez. Es una locura y su esposa e hija, son una cosa única.
Thomas sonrió al verla y Axel se recompuso.
- ¿Qué? -quiso saber ella.
- Desde el día que te volví a ver no te había visto sonreír de esa manera. Recuerdo como iluminabas esa mansión cuando te reías y de cómo todos cambiamos con tu llegada. Estoy sintiendo nuevamente esa energía que solo tú podías irradiar.
El pasado no era su tema favorito, pero se encontraba en un lugar que estaba impregnado del mismo, con todos sus buenos y malos momentos, así que, era inevitable no hablar de él.
- ¿Qué pasó con esa mansión? -preguntó con curiosidad. Richard y Chris no hablaban de nada relacionado con ella. Y tampoco se atrevió a pasar por la calle en donde se encontraba esa casa.
- El señor Bryce... Dominic, cerró sus funciones poco después de que te fuiste.
¿Qué? ¿La mansión estaba cerrada? Otra cosa imposible de creer.
- Vaya... Desde que tengo uso de razón esa mansión siempre estuvo abierta.
Thomas tomó rumbo hacia el hospital sin que Axel dijera nada.
- Ese cierre puede que le haya salvado la vida a Dominic. Luego de creer toda esa basura que la señora Elsa montó en tu contra, cayó en un estado que no podía reconocerlo y tomó la acertada decisión de marcharse de aquí. Ahora está viviendo en un apartamento rentado en las afueras de Perth, en Fremantle.
Dominic. Axel conocía a gente estúpida en el mundo y luego, estaba él.
Por más que trataba, últimamente no podía pensar en Dominic sin sentir lastima por él, había sido traicionado en una ocasión y la misma persona que le había engañado había sido la causante de que volviera a sufrir, aunque esta vez por una vil mentira y tras de eso, estaban juntos como pareja.
Estaba durmiendo en la misma cama con el demonio.
- Bueno, parece que ya superó todo lo que Elsa le hizo en el pasado porque se les ve muy buen juntos -le costaba un trabajo enorme decir esas palabras y no podía evitar sentir un mal de estómago al escucharse a sí misma aceptando eso. Como si fuese su problema.
Thomas se carcajeó sin poder evitarlo.
- Ellos dos no son una pareja, la señora Elsa cree que lo son, pero Dominic no piensa de la misma forma, créeme.
Andaban juntos por todos lados, era más que evidente de que se acostaban, caminaban abrazados y tomados de la mano haciendo p********a de que estaban juntos. Si eso no era tener una relación entonces, su idea de una relación siempre había estado errada.
No dijo nada y dejó que Thomas se engañara solo.
Antes de llegar al hospital, Thomas le ofreció un móvil pequeño de teclado. Los antiguos, ¿todavía existían?
- Claire te envía esto, dice que necesitas estar comunicada y que no hay devolución.
Iba a comprarse un móvil pronto, pero si Claire le ahorraba ese dinero, ella no pondría objeción.
- Dile a tu querida esposa que muchas gracias... Ustedes dos todavía me deben detalles acerca de cómo terminaron casados -le advirtió de inmediato. Thomas se estacionó en la entrada del hospital-. Si mal no recuerdo tú decías que ella era una mujer desquiciante.
- Al igual que tú decías que Dominic era un monstruo despiadado -contraatacó él.
Axel se sintió incómoda por el comentario, pero le sacó la lengua a Thomas y bajó del auto corriendo.
Ingresó al hospital y recordó la cantidad de veces que había entrado en el pasado, tanto como paciente como acompañante, en ese mismo hospital había muerto su padre, en ese mismo hospital había encontrado su vocación para ayudar a los demás.
Sabía dónde se encontraba el área de recursos humanos, así que se dirigió hasta allí sin ningún problema.
- Tu eres Alwood, la quien envió el doctor Haez, mucho gusto soy Maia, seré tu compañera de turnos por estos días -una muy amable mujer de perfecta piel trigueña, alta y de figura escultural le dio la bienvenida. Parecía una princesa amazónica. Axel tardó unos segundos en responder al quedar prendada de la imponente apariencia de esa mujer.
- Hola, soy Axel, el gusto es mío, Maia -sonrió más ampliamente cuando su nueva compañera le ofreció una tableta de chocolate con una pequeña y delgada cinta violeta en forma de bienvenida. Debía tomar notas para cuando regresara a casa y recibir de esa misma manera al personal que llegaba de manera temporal-. Gracias.
- Te llevaré a dónde intentamos descansar -Maia, salió de detrás del pequeño mostrador y Axel, se sintió diminuta junto a ella. Era como ver a Gandalf y a Frodo caminando uno junto al otro-. Tu uniforme está en este casillero, al igual que tú gafete, debes traerlo contigo en todo momento sino, el personal de seguridad te sacará del hospital al no poder identificarme como parte del personal médico. El jefe está en el quirófano en este momento, pero ya luego lo conocerás. Tenemos diez minutos para comer lo que sea y si puedes en menos tiempo, mucho mejor, como tus turnos serán de noche mientras estés aquí, tendrás media hora de descanso. Creo que eso es lo básico así que bienvenida y no perdamos tiempo.
Axel se cambió el uniforme en presencia de la bella amazona y se sintió cohibida, pero le restó importancia al ver a su compañera prestarle más atención a su móvil que a ella.
Maia, le explicó cómo se turnarían junto con los otros dos enfermeros del área para llevar las rondas. No era tan distinto a lo que hacía en el otro hospital solo que en ese lugar no estaría en emergencias sino en Cardiología.
No le costó trabajo aprenderse el nombre de sus compañeras y no reconocía a ningún compañero que hubiese tenido en la universidad, lo cual le hizo preguntarse que se habrían hecho.
Reconoció una decena de nombres en los expedientes clínicos de pacientes y médicos y saludó a todos con cordialidad ya que no estaba en el lugar adecuado para saludos más elaborados.
- Conoces a muchas personas aquí -comentó Katie, su compañera de turno. Sabía que no le había agradado a esa mujer, pero le dio lo mismo, en un par de semanas no la volvería a ver.
- Si, son viejos conocidos -se limitó a responder. Iban caminando juntas de regreso hasta el puesto de enfermeras, ambas evitando hacer contacto visual con la otra.
La amable y muy risueña, Maia, se encontraba revisando expedientes junto a un hombre, quien le estaba dando la espalda, por lo que Axel solo pudo ver sus rizos rebeldes color chocolate. Ese debía ser el tercer compañero al que todavía no conocía.
- Genial, aquí está ese imbécil -murmuró Katie, apretando con fuerza el expediente que traía en mano.
Axel hizo de cuentas qué no escuchó nada y siguió su camino.
- Aquí está -Maia, sonrió ampliamente al verlas llegar y su compañero se volteó a verlas al seguir la mirada de la otra mujer.
Axel no era una experta en reconocer rostros así a la primera pero jamás en la vida se olvidó de ese hombre de ojos oscuros y con facciones bien marcadas en el rostro. La sonrisa siniestra que tenía dibujada en los labios era la misma sonrisa que recordaba de la primer y única vez que estuvo con él. El hombre en cuestión, dejó de sonreír al percatarse del reconocimiento de esta.
Lo había buscado por un largo tiempo y jamás dio con su paradero y no podía creer a dónde venía a encontrarlo.
- Axel, mira, este de acá es Mario, es nuestro compañero, pero es prácticamente la mano derecha de nuestro jefe -Maia les presentó y no pareció percatarse de las malas miradas que había entre ambos.
- Mucho gusto, Axel -el desgraciado de Mario le extendió la mano para saludar, pero Axel, simplemente no pudo fingir que no le conocía, no podía fingir que no sabía que era lo que le había hecho años atrás, pero tampoco podía montar una escena en ese lugar.
- Hola -respondió ella, sin despegar la mirada del hombre, quien volvió a sonreír. Katie, tenía razón, era un imbécil.
- Yo me voy de aquí -Katie, dejó en la pila de expedientes el que ella llevaba en mano-. Los veré en veintinueve minutos.
- No me hagas ir a levantarte nuevamente, Katie -Mario se dirigió a la mujer de cabellera negra y larga, quien ni siquiera lo volteo a ver.
- El jefe ya salió de cirugía, Axel -Maia dejó a un lado la mala actitud de Katie-. Lleva estos expedientes a su oficina. Está en el segundo piso.
Axel tomó los expedientes y Mario aprovechó su distracción para irse del lugar sin decir nada, pero ella no estaba dispuesta a que se le escapara nuevamente. Le debía muchas explicaciones y se las daría.
Ese hombre debía decirle toda la verdad de lo que había pasado entre ellos ese día y si esa maldita bruja de Elsa tenía algo que ver con eso.
Corrió hasta alcanzarlo y apenas le dio tiempo de meterse junto a él en el ascensor.
- Tú, creo que me debes un par de explicaciones -Mario quedó aprisionado entre la pared del elevador y el cuerpo de Axel.
- ¿De qué estás hablando? -el hombre estaba completamente serio, parecía no entender de lo que ella estaba hablando.
- Sabes de lo que estoy hablando -Axel estaba nerviosa, temblaba notoriamente, pero no podía permitir que ese hombre se escapara. Le dolía la cabeza y sentía las palmas de las manos sudadas-. Dime la verdad, ¿por qué me drogaste hace seis años? ¿Qué pretendías hacer con eso?
- ¡Suéltame! -Mario le tomó de las muñecas y ejerció más fuerza de la necesaria. El ascensor se detuve en el piso marcado y Mario salió, con Axel pisándole los talones-. No vuelvas a mencionar ese tema, mucho menos aquí.
Axel debía intentar de todo para hacer que ese hombre hablara y dijera la verdad, aunque tuviese que obligarle.
- Elsa te delató -dijo entonces, ella. Mentir no era la mejor idea, pero no sabía que más hacer, pero al menos eso lo hizo detenerse -. Les dijo a todos que fue tu idea, ella me dijo dónde encontrarte, ¿por qué crees que estoy aquí?
La expresión de Mario al escuchar aquello cambió rotundamente.
- No tienes ninguna prueba de eso -susurró el hombre. Sus ojos marrones oscuros chispeaban por la rabia.
- Si las tengo -contradijo ella-. Tengo un análisis en donde demuestra que fui drogada, sale que sustancia se utilizó...
- Más te vale que pares con esto porque no voy a permitir que arruines todo lo que he conseguido –Mario la tomó con fuerza nuevamente de las manos y eso hizo que tirase al suelo los expedientes.
- Entonces solo dime qué me hiciste ese día... -la cabeza le martillaba y estaba siento mucho mareo-. No diré nada a nadie.
- No te hice nada, no me interesabas en esa época, solamente tomamos esa estúpidas fotografía y ya está, así que olvídate de todo esto y haz de cuenta que no me conoces. Si vuelves a mencionar este tema, delante de quien sea, no me va a importar nada.
Mario la hizo a un lado y Axel se quedó pegada a la pared mientras intentaba recuperar el aire.
No confiaba en Mario, podría decir cualquier cosa para deshacerse de ella y eliminar sospechas, así que no iba a parar hasta que toda la verdad se supiera y le importaba una m****a si se veía perjudicado en el trabajo, ella se había visto perjudicada en todas las áreas de su vida por culpa de él y es desgraciada.
Elsa, esa maldita, sabía que la vería tarde o temprano y no se iba a librar de ella tan fácil.
Se agachó para recoger los expedientes y no podía dejar de temblar, lo cual la estaba poniendo más nerviosa.
- ¿Necesitas ayuda?
Axel alzó la mirada y sus ojos chocaron con un par de ojos azules muy amables.