— No podemos perder ni un segundo. Necesitamos tomar las cuerdas de amarre, y el equipo de salvamento para aventárselo. —Gritó Lukas, mientras sacaba de debajo de los muebles algunas cuerdas gruesas para aventárselas a Jean Pierre y Aitana, si era que lograba conseguirlos entre las furiosas aguas. Gustavo maniobraba hábilmente el yate, ralentizándolo gradualmente hasta detenerlo y lograr girar con ayuda de las feroces olas y el viento. A su vez, Jean Pierre, escaneando el agua turbulenta intentaba tener una vista de Aitana, pero le era difícil por la cantidad de agua salada en sus ojos, aun así, a unos seis metros a su izquierda, vio a Aitana luchando por mantenerse a flote, parecía que tenía problemas, el agua y el golpe la habían abofeteado fuertemente y est

