Capítulo 4

2516 Words
Nicole dejó el descafeinado delante de mí. No pude observarla detenidamente, pero juraría que me miraba con rencor o incluso asco. Aquella señora no me había dicho nada desde que me pidió que me sentara en aquella cocina. Esta estaba impecable, apostaría cualquier cosa a que nunca la habían utilizado. En aquel momento la anciana estiró sus brazos y espero a que yo hiciera lo mismo. Saqué las manos de entre mis rodillas y las coloqué encima de las suyas. El silencio reino unos minutos, parecía que todo aquel alrededor se había quedado mudo, así que giré la cabeza, intentado encontrar algo que haría un poco de ruido, ya que ese silencio me ponía muy nerviosa. Entonces vi como unas siluetas se escondían detrás de la puerta, espiándonos. Supongo que Nicole siguió mi mirada y se percató de lo mismo, ya que se acercó y echo a aquellos espías quienes bauticé como mis compañeros. Es decir, como Lance, Caleb, Mathias, Arthur, Leo, Nolan, Lewis, Zack... e, incluso, Harry. —Mi nombre es Susan. Soy la más antigua de este grupo, pero no te equivoques, niña, no todos tenemos la misma sangre. Muchos me llaman abuela por ser mayor, ya que lo único que nos une a todos nosotros es ser vampiros. Tragué saliva e intenté esconder mi miedo, pero, pronto, mis ojos se llenaron de lágrimas. —No tienes que tener miedo, ellos no mueven si un solo dedo sin mi consentimiento y por ahora no quiero que te maten. —¿Por qué? —Supe en cuanto salió de mi boca que no quería saber la respuesta, pero ya era tarde. —¿Conoces a Henry Smith? —¿El político? —Dudé. —Así es, esta casa es suya. —¿Y quién vive en esta casa? —Sus hijos, a los que he podido comprobar que conoces. —¿Ellos son... Henry es su padre? —Un mal presagió surgió dentro de mí. —No te confundas niña —repitió—. No todos son de la misma madre. —¿Quiere decir que...? —Lewis, Leo, Zack son hijos de su primera esposa. Nolan y Harry son de su segunda esposa, solo que Harry fue adoptado, por lo que no lleva la sangre de ninguno de los dos, aunque siempre lo trataron igual que el resto. Después tuvo a Arthur con su amante y, finalmente, a los otros tres con su última esposa. Además, Kate se quedó embarazada de Nolan antes de que su primera mujer muriera. Al igual que Yasmin de Arthur pero en este caso se supo que eran amantes, y mientras estaba casada con Kate se casó con Yasmin. Hace tiempo que lo dejaron y se casó con su última mujer Maria, con la que, como ya he dicho, tuvo sus últimos tres hijos Mathias, Caleb y el más pequeño Lance. —¿Ellos son sus nietos? —Quería saber que sentía ella sobre los pecados de su hijo, pero se limitó a sonreírme maliciosamente. —No te equivoques, niña —repitió nuevamente. —Lia —corregí intentando que dejara de llamarme "niña". —Me caes bien, Lia —dijo mientras sacaba un cigarro y lo encendía—. Ellos son mis nietos, pero no acepto lo que mi hijo hizo con esas mujeres. —¿Dónde están ellas ahora? —Muertas. —¿Todas? —Según afirmaron los médicos, se suicidaron. —Pero usted no cree eso, ¿no es así? —Te voy a contar un secreto, los vampiros no mueren, somos casi inmortales. —¿Casi? —Solo nos puede matar otro vampiro. —¿Cree que las mato un vampiro? —Dudo que uno solo hubiera podido con tres mujeres. —¿Qué insinúa? ¿Cree que hubo una conspiración o algo así? —Creo que sobre este tema ya sabes demasiado, muchos han muerto por saber menos. En aquel momento un escalofrío recorrió mi cuerpo, quizá tenía razón y estaba preguntando demasiado. Susan miró mi taza y al ver que estaba medio vacía fijo de nuevo su mirada en mis ojos. —Te contaré una cosa más —Me limité a asentir con la cabeza ya que el resto del cuerpo lo tenía paralizado—. Hay rumores que afirman que Henry tuvo una quinta amante, una con la que estuvo un años después de que Lance naciera. Y las malas lenguas aseguran que vieron a aquella chica embarazada. —¿Cree que hay un nieto al que no conoce? ¿Otro vampiro? —Si hubiera sido una vampiresa no lo hubiera ocultado como lo hizo con el resto de esposas. —Espera... ¿Cree que tuvo relaciones con una humana? —Hace años que dejé de creer en las cosas, como te he dicho, hay rumores. Yo ignoro las patrañas y embrollos de mi hijo. Nuevamente fijo su mirada en mi taza, esta vez estaba vacía. —Ve a dormir Lia, mañana va a ser un día duro. —¿Qué va a ocurrir? —Nada en especial para nosotros, pero para ti será un mundo nuevo. Agaché mi mirada y cerré fuertemente mis ojos. —¿Qué te ocurre, niña? —¿Podré volver a ver a mi familia? —No. —Levanté mi mirada con odio, esta vez no pude evitar que cayeran las lágrimas por mi rostro—. No te pongas así, todos los que han venido a la fiesta han muerto, tú estarías muerta si no sería por... —¿Por qué? ¿Por qué estoy viva? —Pronuncié fuera de mí. —¿Acaso prefieres estar muerta? —No... pero ¿Por qué yo? ¿Por qué no puedo hablar con mi familia? —Si ellos saben que sigues viva intentaran que vuelvas a casa y no puedes, ahora eres parte de esto. —¿Qué soy parte de esto? Yo no soy un vampiro. —No, tienes razón, pero quien sobrevive a una noche de vampiros se convierte en un plato deseable para cualquiera de nosotros. Además, tu sangre huele tan bien, no durarías nada ahí fuera. Pero, como te he dicho, aquí no vamos a matarte, aprenderás a vivir como uno de nosotros. —¿Con que fin? —Con el fin de que puedas ser uno más. —¡No quiero ser un vampiro! —Bramé levantándome del asiento. —Y no lo serás, no beberás sangre ni comerás restos de animales, solo vivirás como nosotros. —¿Pero por qué? —Ve a dormir Lia, debes estar cansada. Le miré a los ojos, aquellos ojos negros, tan negros como el azabache, me aseguraban que no obtendría nada más que esa mirada de seriedad, por lo que obedecí. Subí hasta el cuarto en el que me había despertado. Por el camino comprobé que los chicos aún estaban despiertos, ya que estaban asomados al pasillo. Tragué saliva y les ignoré caminando firme hasta la puerta de mi nuevo cuarto. En cuanto la cerré me dejé caer, al mismo tiempo que permití que las lágrimas resbalaran por mis mejillas llevándose con ellas todo el mal que acarreaba mi mente. —No llores pequeña, no es tan malo —animó alguien abrazándome. No pude ver su cara, pero por la dulzura de su voz y el color de su pelo supuse que era Nolan. —Deberíais estar durmiendo —advirtió Zack sonriendo. —Zack, ¿No ves que estoy ocupado? —Bromeó Nolan. —Así que tú eres la nueva inquilina —dedujo Arthur. —¿Han habido más? —Claro, cada cierto tiempo nuestro padre nos manda chicas para que nos divirtamos con ellas —aclaró Mathias. —¿Cómo? —No creas que eres la primera —se burló Caleb. —¿Qué hacéis con ellas? —Jugamos con ellas y después les revelamos lo que somos —anunció Harry. —Es genial ver sus caras, te sientes como un dios —continuó Leo. —Oh, dios mío, estáis locos —ni siquiera lo pensé, salió solo de mí. —No es locura, somos vampiros, es lo que nos gusta —explicó Lewis. —¿Alguna vez te has montado en una montaña rusa? —Preguntó Lance. —Sí. —Pues lo que sentimos es parecido. —Y cuando las mordemos y bebemos su sangre es como cuando comes chocolate, o la comida que más deseas comer —siguió Lewis emocionado al ver que podía explicar lo que sentían. —Chicos, esta vez será diferente, no podréis divertiros de la misma manera y menos matarla —argumentó Susan apareciendo en medio de la habitación. —¿Qué quieres decir? —Se interesó Mathias. —He avisado a vuestro padre sobre ella, hasta que él venga ella debe de permanecer viva. —Pero eso no implica que no podamos morderla de vez en cuando sin pasarnos —sacó Leo. —Debe estar viva y entera, nada de divertirse como hacéis con las otras —repitió Susan. —Quieres decir... que nada de... —empezó a decir Nolan. —Nada de llevárosla a la cama, así es. En cuanto escuché la palabra “cama” mi cuerpo se paralizo. —Vaya, entonces pierde toda la gracia —bromeó Arthur, guiñándome un ojo. —Ahora dejarla dormir. Mañana le tenéis que enseñar todo y, después, irá a la escuela con vosotros. —Bien —pronunció Zack, mirándome. —Lewis, tú eres el más mayor. Dejaré la responsabilidad de que ella viva en tus manos —anunció Susan y a continuación desapareció sin dejar que este replicara. —Vale, todos fuera de este cuarto. A partir de ahora no podréis entrar aquí a no ser que sea por la puerta y que ella os de permiso. ¿Entendido? —Ordenó Lewis. —Sí —Contestaron desvaneciéndose hasta que no quedó ninguno. Entonces se formó el silencio, yo seguía tirada en el suelo, tantas emociones me habían dejado sin habla. Unos segundos después me escondí entre las mantas de la cama y entonces se me paso algo por la cabeza, mi teléfono estaba en el coche de mis compañeros. Abrí la ventana. Era un segundo piso, arranqué las sabanas y las uní, pero no llegaba hasta el suelo. Miré en uno de los tres armarios que había en la habitación, buscando algo más. Nada. Abrí el segundo y tampoco. En cambio, en el tercero me llevé una sorpresa. Estaba repleto de mantas y sabanas, lo cual facilitó todo. En cuanto las junté las agarré fuertemente a una de las esquinas de la ventana y me aseguré de que no se romperían. Comencé a bajar, pero llegué a la ventana del salón, cual estaba justo debajo de mi habitación. La luz estaba encendida e incluso se escuchaban voces que llegaban a mi como susurros. Empecé a balancearme intentando sujetarme a uno de los bordes de la ventana y bajar desde allí para que no me vieran, pero entonces la cuerda que había formado con sabanas se rompió haciendo que cayera al suelo. Me quedé quieta en el suelo, unos segundos, hasta asegurarme de que no me habían escuchado. Cuando parecía que todo seguía su curso corrí adentrándome en el bosque. No sabía muy bien hacía donde iba, pero ni siquiera me lo cuestioné solo seguía a mis piernas cuales corrían solas por aquel sitio. Un buen rato después encontré los c*******s de mis compañeros, lo cual significaba que a pocos metros estaba la carretera con el coche de mi compañero y, lo más importante, con mi móvil. Me acerqué a la carretera donde encontré el coche, estaba dado la vuelta y fuera de la carretera. Una de las puertas de atrás estaban abiertas, por lo que aproveché y me adentré por ella. Busqué mi móvil por todas partes hasta encontrarlo al lado del asiento delantero, lo agarré e intenté encenderlo ya que estaba apagado y con la pantalla rota. Comenzó a encenderse lo que señalaba que funcionaba y eso me tranquilizó, pero entonces alguien me agarro del pie y me arrastro hacia fuera. En aquel tiempo escondí el móvil entre mi ropa y me preparé para huir, pero en cuanto vi al joven me tranquilicé. Era Nolan. —Deberías estar durmiendo o por lo menos no aquí. —Lo siento, quería recuperar mi móvil. —Te tenía por una chica más lista. —¿Perdón? —Lo normal hubiera sido que intentaras escapar siguiendo la carretera. Entonces aquella idea se me cruzó por la cabeza. ¿Por qué no había huido? —Aparte aquí no hay cobertura, por lo que el móvil no te servirá de nada. —Realmente no lo quería para llamar. —¿Entonces? —Quiso saber Lance sentado en el coche. —Era por las fotos, no quiero olvidarme de mi familia. —No te preocupes por eso —siguió Zack apoyado en el coche—. En cuanto tengamos más confianza contigo podrás salir de casa, no podrás hablar con ellos ni que te vean, pero tu podrás verles. —¿Más confianza conmigo? —Repetí. —Así es, cuando nos aseguremos de que no te vas a escapar o hacer locuras —aclaró Caleb, sonriendo y colocando su brazo en el hombro de Lance quien ya se había bajado del coche. —Ey, vosotros deberíais estar durmiendo —advirtió Víctor. —Es nuestra casa, así que no nos digas lo que debemos hacer —corrigió Zack. —Oh, vaya. Estáis con el postre —se percató Víctor refiriéndose a mí. —¿Ibais a comérosla sin dejarnos nada? —Siguió Dani. —Ella no es el postre, es una invitada —corrigió Lance. —¿Invitada? ¿Desde cuándo los humanos son invitados? —Cuestionó Víctor acercándose a mí y acariciando mi rostro. —Déjala en paz Víctor —ordenó Nolan apartando sus manos de mí. —¿O sino qué? —Te las veras con nosotros —respondió Caleb serio. —¿A sí? ¿Y que nos haréis si hacemos esto? —Quiso saber cogiendo el móvil de debajo de mi ropa y saliendo corriendo junto a Dani. —¡Ey, mi móvil! —Aullé sin éxito. —No te preocupes, lo recuperaremos —aseguró Lance, saliendo corriendo junto con Caleb y Zack. —Tú vuelve a casa Lia, nosotros nos encargamos de eso dos críos —pidió Lewis tranquilizándome. Fui a aceptar con la cabeza, pero no me dio tiempo, Nolan y Lewis ya habían desaparecido entre la niebla. Miré hacia la carretera y se me paso por la cabeza volver a casa, pero estaba lejos y yo cansada por lo que me senté en el suelo intentando aclarar mis ideas sobre qué era lo mejor. Entonces algo entre los arbustos comenzó a moverse y me sentí observada por lo que me levanté y adentré entre el bosque dispuesta a volver a la casa. Pero por el camino me choqué contra algo o, en este caso, contra alguien. Era Víctor. La única persona con la que no me gustaría encontrarme y, encima, ya no tenía a aquellos chicos para que me protegerían.
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