Sus ojos cafés brillaron con una chispa de autoridad que la hizo estremecerse, pero Vivian tragó duro, intentando recomponerse. Él estaba tan cerca que podía ver sus ojos ardientes, sus labios estaban a poco de besarla. —Dime, ¿Estuviste con él? ¿Te besó y te acarició como yo lo hago? —su voz sonaba, atormentada. Y es que era así, desde que Daniel le había informado que estaban juntos en el hotel, la angustia y desesperación se habían anidado en su pecho, se tuvo que frenar decenas de veces para no salir corriendo y tirar por el suelo todos sus planes, pese a ello se contuvo porque era necesario, porque debía protegerla por encima de todo. No le hubiese importado empezar de nuevo si hubiese tenido tiempo, pero de eso es lo menos que tenía. Angustiado ante esa posibilidad la sostuvo

