El corazón de Vivian latía en un furioso galope mientras sentía la mirada penetrante de Víctor incrustándose en su espalda. Sin embargo, no se detuvo, continuó caminando, con la cabeza erguida y un tembloroso orgullo brotando en cada uno de sus pasos. Ella sabía que las repercusiones de su atrevimiento quizás llegarían más tarde, porque con lo vengativo que era ese hombre no lo dejaría pasar, pero por una vez, el miedo no la consumió por completo. Cuando Víctor observó a Vivian alejarse, su postura firme y decidida, lo desconcertó. No estaba acostumbrado a verla hacer ese tipo de desafío. —¿Es tu ex? —preguntó Angélica, sin reconocerla del todo porque Vivian estaba muy cambiada. —No es mi ex. Es mi esposa —dijo con firmeza—, ahora ve a hacer lo que tienes que hacer que yo debo hacer

