—Hola —la saludó Jan, sentándose junto a ella. Vivian lo ignoró, prestándole más atención a su vaso que a su presencia. Iba a llevárselo a la boca, pero Jan le puso la mano en el brazo y evitó que se lo tomara. —No hagas eso, no tienes por qué ahogarte en el licor por culpa de alguien que no vale la pena y no supo valorarte —pronunció con seriedad, sin apartar la mirada de ella—, vamos Vivian, tú eres una mujer valiosa, mereces a un hombre que te admire, te valore, te diga palabras dulces, que se dé cuenta de los detalles, de lo que te gusta, que aprenda a conocerte, porque mereces mucho más y no deberías conformarte con menos. Vivian dejó escapar un sollozo al escuchar las palabras de Jan. —¿Y qué sabrás tú de mi vida o de lo que merezco? —replicó con un tono ligeramente defensivo. J

