Por un momento, los ojos verdes de Adara parecían nublarse con algo que se asemejaba al respeto, pero luego lo disimuló con una sonrisa forzada y un movimiento de hombros despreocupado. —¡Claro que no! Es solo que me molesta que tú intentes remediar la situación que él mismo por su orgullo acrecentó ¿Qué le costaba despedir a Alicia? Pero no, él le gusta salirse con la suya… es tan… tan… —comenzó a decir Adara, pero ninguna palabra correcta se le venía a su boca, y las que se le pasaban por la mente no eran aptas para decirle a la esposa. “Tan endiabladamente creído y sexy y es lo que me gusta”, se dijo mentalmente mientras Vivian esperaba el calificativo, como vio que su amiga no continuaba de hablar, se lo preguntó. —¿Mi esposo es tan qué? —inquirió Vivian. Por unos segundos, la muje

