—Ya el nuevo candidato está listo para que lo entreviste —pronunció con seriedad Alicia. Antes de que la mujer saliera, la detuvo. De todas las asistentes que había tenido, Alicia era la única que se había mantenido trabajando para él. Primero no se le lanzó encima cuando lo vio, y no estaba siempre viéndolo como un hambriento a un jugoso bistec, por eso no la echaba por más amenazas que le hiciera. Su único problema es que le costaba controlar su lengua, más veces de la que le gustaría admitir. Era demasiado mordaz, le decía las cosas a la cara y era muy curiosa, pero lo primero de cierta manera cubría sus fallas, además era eficiente y meticulosa en su trabajo. —Alicia, vamos a hablar —comenzó a decir y ella se giró con actitud distante. —No tengo nada que hablar señor, de verdad qu

