Los primeros rayos de sol, se filtraron por el techo del invernadero y, como Víctor era sensible a la luz, no tardó en despertarse. Cuando hizo su primer movimiento, sintió el peso femenino en su pecho, su cuerpo comenzó a acalorarse y el deseo se agitó dentro de él. Por un momento, se quedó estático, con los ojos cerrados, pasándose una mano por el rostro, con una expresión de suplicio que cualquiera que lo viera pensaría que sus demonios lo estaban atormentando y así era. "Esto no puede durar, lo siento… tal vez en otras circunstancias las cosas habrían sido diferentes", pensó, mientras acariciaba el cabello de Vivian con una ternura que le retorcía el alma. Con la suavidad de sus dedos, apartó un mechón de cabello húmedo de su frente, contemplando cómo la paz se había asentado en el

