Vivian se quedó viéndola fijamente, sin desechar de todo la idea que le estaba rondando la cabeza y es que desde que la había llamado la noche anterior su mente no había dejado de sospechar de sus intenciones. —Respóndeme Adara ¿Acaso te alegras de los problemas que tengo con mi esposo? —mientras hablaba Vivian no apartaba sus ojos de ella, buscando alguna señal de mentira. Adara lo observó con una mezcla de desconfianza y dolor. —¿Estás hablando en serio? ¿Estás sospechando de mí? —preguntó Adara con una expresión de ofendida. —¡Respóndeme! ¿Dime que no estás aprovechándote para separarme de mí...? —la voz de Vivian se quebró, antes de terminar la frase, pero su mirada acusadora dejó ver lo que quería decir. Adara sintió cómo la incredulidad se apoderó de su semblante, sus ojos se a

