La noche había caído sobre la casa como un manto pesado, sofocante. El tipo de oscuridad que te obliga a quedarte contigo mismo… cosa que yo evitaba a toda costa. Desde que la traje aquí, desde que la obligué a firmar ese maldito papel que la convertía en mi esposa, algo en mí no dejaba de tensarse. Como si una mano fría me apretara los músculos desde adentro. Como si el simple hecho de que ella caminara en mi mismo espacio alterara la forma en que respiraba. No debería afectarme. No debería provocarme nada más que irritación. Era la hija de Nicola. La aberración viviente del error más grande que he podido cometer en toda mi trayectoria. No me perdono no haber indagado más en la vida de ese malnacido. Me confíe. El maldito supo ocultarla muy bien. Pero, «¿Por qué razón? ¿Qué buscaba

