Vi su inmediato reconocimiento en la expresión de su rostro. Yo estaba ahí, sin antifaz, sin maquillaje en el rostro, con el pelo recogido en un moño desordenado, con un apretado short de mezclilla y un suéter de algodón, sin sostén por debajo, y mis pantuflas de conejita. No llevaba nada de cuero, ni nada n***o, ni esas altísimas botas de cuero por encima de las rodillas, pero aun así, sus ojos me habían reconocido, de la misma forma en que deseé hace tiempo que lo hiciera en la boda. Solo que esta vez sí era él, también sin antifaz y vestido con un traje n***o, como un hombre de negocios. Ahí, en ese lugar, él no era mi sumiso, y yo no tenía una fusta, ni esposas, ni nada. Ahí yo no era una dominatrix, ni su ama, ni su Königin, aunque él así me llamara. Se había sorprendido al verm

