—Román… —llamó Arturo dando un par de golpes a la puerta. Tras no recibir respuesta, la abrió encontrándose con Nina envuelta entre las sabanas. Su rostro desencajó de preocupación; si Armando la veía ahí, estarían en grandes problemas. Así que se acercó a ella moviendo ligeramente de su hombro. —Señorita… —llamó sin obtener respuesta—. Demonios, Román. ¿Qué diablos has hecho? La llamó un par de veces más, pero no logró despertarla. Se incorporó y caminó hacia el baño buscando a su compañero y amigo, pero estaba vacío. No fue sino hasta que se dirigió a la puerta, que Nina se removió en su lugar. No abrió los ojos, pero al percibir el aroma de Román sobre la almohada que abrazaba celosamente, sonrió con descaro. Arturo la observó pensando que hacer, pero ella abrió los ojos al sentir o

