—Fermín, ¿Hay señales de papá? —cuestionó Nina tras entrar a la residencia seguida de su escolta. Era una costumbre para ella preguntar siempre por él. —Está en su oficina, señorita —respondió el mayordomo con una cómplice sonrisa, a lo que ella se sorprendió, pues estaba acostumbrada a que siempre la respuesta era no. —Román, ve a descansar si quieres, iré con mi papá. —Pero, señorita. No pue… —Si salimos te aviso —interrumpió alejándose de ambos empleados. Ni siquiera se anunció, no llamó a la puerta ni nada parecido. Entró sin titubear y encontró a su padre revisando una carpeta que cerró en cuanto vio a la chica. Ella se acercó dándole un abrazo y un beso en la mejilla sin prestarle atención al detalle porque se la vivía entre carpetas y papeles; acto que al hombre hizo sonreír

