El tictac de un reloj sobre su mesa de trabajo era la única fuente de concentración de Gabriel. Después de su conversación con Bill, había vuelto a la compañía y se había sumergido en todo el trabajo que se había acumulado durante los días debido a su descuido. Las horas pasaron y, pronto, perdió la noción del momento del día; la luz que se filtraba por las persianas de su ventana se desvanecía con rapidez. Su concentración en el trabajo se vio interrumpida cuando el sonido de pasos suaves, acompañado de golpes en la puerta, captó su atención. Alzó la vista del trabajo que tenía entre manos. "Adelante". La puerta se abrió a su orden y Bill entró, con una carpeta marrón entre los brazos que contenía la información que le habían encargado conseguir. "Señor", saludó el asiste

