Cerca de quince minutos habían pasado desde que Leonica comenzó a buscar a su mejor amiga y a su hijo al mismo tiempo. Abriéndose paso entre la multitud, murmuraba una sarta de maldiciones por lo bajo, maldiciendo a Angelina por haberse aparecido para arruinarle un día que iba perfectamente bien. "Maldita sea, ¿dónde demonios están?" Alzó las manos al aire, harta de dar vueltas buscando a una adulta hecha y derecha y a un niño, como si fuera un perro de servicio perdido. "¿Cómo demonios pudieron haber llegado tan lejos?" se preguntó, a punto de seguir avanzando, cuando una silueta pequeña y familiar que caminaba hacia una cabina de fotos le llamó la atención. "Ashley, ahí estás." Levantó la mano, a punto de llamar al niño entre la multitud, pero las palabras murieron al insta

