La chica del parque.

2774 Words
La noche cayó y aunque nunca dejó de pensar que todo iba a salir bien, como siempre y sin dudar de su buena suerte, empezó a creer que se iba a tener que quedar sentado en esa plaza pública a pasar la noche, esperando que la policía lo echara del parque o lo asaltaran, pasaron las horas y la plaza poco a poco se fue quedando sin gente y sin autos en las calles, los vendedores informales también se fueron y la iglesia cerró sus puertas, no quiso volver a encender su celular para ver la hora, porque su batería ya estaba casi agotada, y decidió esperar a que las cosas que tenían que pasar sucedieran, porque consideró que ya su suerte no estaba en sus manos, y llegó un momento en que se quedó tan solo, que aseguró su maleta pasando la banda por una de sus piernas, para prevenir que alguien se la llevara en caso de que lo venciera el sueño, y con la correa de su morral bien asegurada en su pecho, se dispuso a mantenerse despierto y de repente miró a un grupo de jóvenes que pasaban enfrente, alguno de ellos lo volteó a ver, pero la mayoría ni lo tomaron en cuenta y siguieron con su charla trivial durante unos minutos, hasta que el paso de una unidad de la policía local los hizo seguir caminando y abandonar el lugar, los oficiales parecieron no verlo y siguieron su rondín, al poco rato un grupo de mujeres extrañas llegó en varios taxis y se posicionaron igual, a unos cuantos metros de él e igual, mientras alguna lo volteaba a ver, las otras no lo tomaron en cuenta, eran mujeres hermosas y vestidas con ropa sensual, pero muy altas y por eso le parecieron extrañas, él era un hombre muy atractivo, pero no era conciente del impacto real que causaba en las mujeres con tan solo verlo y una de ellas, no tan alta, se le acercó tal vez con el pretexto de pedirle la hora, y al decirle que no contaba con reloj, la chica igual le agradeció dándole las buenas noches y sin dejar de verlo y sonreírle, le ofreció un cigarro, que él aceptó para mitigar la sensación de vacío en su estómago que le dejaba el hambre pasada. - ¿Cuál es tu nombre papito lindo? Le pregunta la chica que vestía un sensual vestido de fiesta escotado, que con el rojo ajustado a su cintura la hacía verse muy deseable, dejando ver sus niveas rodillas y sus blancos hombros, que lo hicieron recordar por unos momentos la suave tonada de aquel clásico en inglés de Chris de Burgh, Lady in red. I never seen you looking so lovely as you did tonight. I never seen you shine so bright. Hmmm hmmm I have never seen so many man ask you, if you wanted to dance. Looking for a little romance. https://youtu.be/2h6xe4H4qBA Pero más bella era su sonrisa enmarcada por un hermoso y joven rostro de tez blanca, adornada a la vez por un cabello rubio que le llegaba a la altura de sus hombros, que la hacía ver más juvenil de cerca de lo que en realidad parecía de lejos. -Mi nombre es Martín, guapa y gracias por el cigarro y por tu sonrisa. Le contestó saliendo del trance nostálgico que a veces no sabía disimular, mientras la chica confundida por su letargo musical, solamente lo miraba con el encendedor en la mano y para que ella no se diera cuenta, de su distracción, se puso el cigarro en los labios para que se lo encendiera, y al escuchar su voz y ver sus modales, comprendió que ella no era una de aquellas mujeres extrañas del grupo, que mientras hacían unas llamadas por celular y se ponían de acuerdo para hacer algo, la chica le preguntó con el peculiar acento porteño de los habitantes de aquella isla del Sur. - ¿Me puedo sentar? Ay es que ya no aguanto estos zapatos. Y él apenado por su descortesía, quitó la maleta de la banca cediéndole el lugar y ella se sentó, con la naturalidad de una mujer que confiaba en que no corría ningún peligro. -Discúlpame por mi distracción de hace un momento, pero al verte así vestida de rojo, una canción se vino a mi mente. - ¿Ah sí y cual fue? Y él le recitó, en la tonada de la canción. I never seen you looking so lovely as you did tonight. I never seen you shine so bright. Hmmm hmmm I,ve never seen so many man ask you, if you wanted to dance. Looking for a little romance. Giving half the chance. And I never seen that dress you wearing Or the hight lights in your air. That catches your eyes. I have been blind. Y la chica resoplando para eliminar los restos de humo del cigarro que estaba fumando, levantó la mano para pedirle espacio y ella siguió con la tonada. Lady in red. Is dancing with me. Cheek to cheek Is nobody here. Its joust you and me. Le canta en inglés y haciendo la mímica con los dedos y moviendo sus hombros apuntándolo a él y luego a ella, para finalizar el coro. I”ll never forgeet The way you look tonight. I”never forgeeet. The way you look tonight. —Te lo juro. Le dice Martín ya finalizando con la canción. -Hola mucho gusto y mi nombre es Lolis. Le dice sonriente mientras le ofrecía su mano mostrándole la belleza de sus ojos verdes, que él aún no había apreciado por la oscuridad de aquel parque poco iluminado. -Lolis o Lalo? Le pregunta arriesgándose a que se sintiera ofendida, porque, aunque estaba seguro que ella no era una de las mujeres extrañas del grupo con el que había llegado, quería estarlo completamente antes de aceptarle otro cigarro y seguir con la plática. - ¡Lolis! ¿Porque Lalo? –le pregunta sonriente y algo extrañada. -Ah ya, no te preocupes, que yo soy niña de nacimiento y original, no como ellas. -Uf. -le dice asegurándose de que comprendiera el gesto. – ¡De la que me salve! - ¿Y de que te salvaste? –le pregunta todavía sin comprender la intención. -Es que como eres tan bonita que ya me comencé a enamorar de ti y cantas tan bonito que, si fueras una de ellas, yo creo que seguiría enamorándome. La chica lo miró sonriendo exageradamente, mostrándole así la blancura de sus bien alineados dientes, pero una de sus extrañas amigas se acercó a ellos para pedirle un cigarro y para decirle algo con respecto a sus planes, por lo cual Lolis se levantó sacando la cajetilla de cigarros de su bolso de mano y dándoselo a él para que lo cuidara, se levantó durante unos minutos mientras las observaba. La amiga también parecía ser una chica muy linda con voz y modales de mujer, pero también era muy alta como para serlo, incluso se veía más alta que él, ya con las zapatillas puestas y eso que él media más de 1 metro con ochenta centímetros, y en cuanto la vio regresar y sentarse le iba a comentar algo con respecto a la altura de sus extrañas amigas, más con el afán de establecer un tema de conversación que una crítica, cuando de repente las chicas comenzaron a caminar rápidamente, alejándose de ellos debido a la presencia de un par de patrullas, de las cuales se bajaron varios oficiales para seguirlas e interrogarlas; Lolis se puso nerviosa y como Martín sintió como que tuvo el impulso de huir, la tomó de una mano diciéndole que no se moviera mientras uno de los oficiales caminaba hacia su banca. - ¿La señorita viene con usted? Le pregunta el oficial dispuesto a detenerla, ya que era fácil suponer que formaba parte de aquel grupo de mujeres extrañas. –Si claro. Le contesta poniéndose de pie y haciendo el movimiento para sacar una identificación de su cartera, pero haciendo como que la buscaba en su morral, desarrollando un protocolo muy estudiado para distraer la atención del oficial y que se concentrara en él para que se olvidara de la chica, el oficial se despidió rápidamente y sin preguntar más, ya que tenía que apoyar a sus compañeros que estaban deteniendo a una parte del grupo de mujeres extrañas de las cuales ya unas se habían dado a la fuga; Lolis se quedó inmóvil actuando indiferente, fumándose un cigarro para disimular y tan solo se rieron juntos cuando terminaron por quedarse solos en aquella plaza pública, sin saber la hora ya que a ninguno de los dos les importaba el tiempo en ese momento. - ¡Yo me tenía que quedar con ellas, pero creo que ahora tendré que quedarme contigo! Dice la bella chica encogiendo sus hombros como si no tuviera otra opción, sonriéndole prometedoramente. -Pues bienvenida a mi hotel. Le contesta extendiendo sus brazos como ofreciéndole el parque en su totalidad. - ¡Este hotel no me gusta porque las palomas duermen en los árboles y se despiertan al amanecer y créeme que no me gusta que me despierten al amanecer! Además, me van a ensuciar el vestido. Dice la chica sacando un par de billetes de su bolso de mano para metérselos en la bolsa de su camisa, sonriéndole convencedoramente y tomándola de la mano, levantó con la otra su maleta y se dirigieron a un hotel familiar no muy caro, pero sí cómodo y cercano. Tal vez ya era medio día cuando abrió los ojos y la miró durmiente y despreocupada, aun vestida con el sensual vestido rojo que ceñido a su vientre contrastaba perfecto con la blancura de su piel, que la hacía verse tan apetitosa como una manzana ya mordida, que siempre estuvo dispuesto a terminarse, pero en cuanto entraron a la habitación del hotel, ella cayó fulminada apenas sintiendo la suavidad de la cama, por lo que prefirió no despertarla, quedándose con el antojo de esa manzana a medio comer que decidió dejarla para después, quedándose dormido también mientras la admiraba y recordaba una escena de aquel clásico en inglés: Pretty woman con Richard Gere y Julia Roberts cuando Vivian Ward y Edward Lewis negociaban en la bañera, siendo las sábanas blancas la espuma en su cama. Pero al despertar, otra necesidad lo obligó a dejar de admirar a esa muñeca desmadejada que tenía sobre las sabanas, y no esperar más al destino para hacer que las cosas pasaran, ya que debido al malestar que le provocaba el hambre ya pasada, que ya ningún cigarro engañaba. Tuvo que dejarla ahí tan sola y desamparada, tomó el dinero que le quedaba del cambio del costo de la habitación y tratando de tardarse algunos minutos, buscó algo rápido que comer en los alrededores del hotel, mientras pensaba qué llevarle a la mujer bonita de rojo, para hacer que cuando despertara además de su belleza, le regalara una hermosa sonrisa y en quien sabe cuántos minutos regresó apresurado, mirando decepcionado la cama vacía que con sus sabanas entristecidas, le indicaba que la deliciosa manzana a medio comer ya no estaba, pero sonrió complacido al verla abrir la puerta del baño mientras le sonreía apenada, no por mostrarle su cuerpo semidesnudo envuelto en ensoñadas toallas, si no por no habérselo proporcionado ya que con tantas sonrisas se lo había prometido. -Discúlpame papito por haberme quedado dormida, pero es que me sentía tan cansada porque casi no había dormido nada. -Pues estamos igual porque yo también por lo mismo te quede así de mal, porque no sé si me venció el hambre o el cansancio, porque cuando estuve a punto de despertarte recordé que no te gusta que te despierten al amanecer y me quede admirándote, hasta que me quedé dormido sin darme cuenta igual, ahora come algo que aunque ya no es hora de desayunar, te caerá bien lo que te he traído para comer. -Claro que necesito desayunar, pero a ti es a quien primero me voy a comer.  Le dice la chica que, ignorando los alimentos empezó a levantarle la camisa y sin siquiera disimular su prisa, le destrabó la hebilla del cinturón, soportando el dolor de una de sus uñas que se le quebró, y se levantó en puntitas para alcanzar sus labios que la esperaron ansiosos, mientras las húmedas toallas se deslizaban por la blanca suavidad de aquella piel mojada con agua fresca que terminó en sudorosa humedad, a pesar del aire acondicionado que con el ruido de sus compresores, trataba de ocultar los gemidos de placer de aquellos amantes, que aunque era la primera vez que se veían parecían haberse amado toda la vida, como un par de almas antiguas que recurrentes se buscaban celebrando el haberse reencontrado, después de siglos de haberse perdido. -Estuvo muy rico todo esto que me trajiste de comer, pero estuvo más rico el postre. Le dice la chica después de devorar todo lo que le había llevado. -Sí, pero tú te comiste el postre primero. Le dice él sonriente, mientras recogía los recipientes desechables de la comida para echarlos en la basura y ella se recostaba sin dejar de mirarlo con la preciosa naturaleza de sus ojos verdes. - ¿En serio te ibas a quedar a dormir en el parque, papito? -Pues no creo que, a dormir, pero si a esperar el amanecer. Le contesta mientras le echaba una sábana encima para cubrir su desnudez. - ¿Qué no te gusta mi cuerpo? Le pregunta mientras le volvía a mostrar la nívea piel de sus pechos redondos y bien formados. -Todo lo contrario, güerita, pero me encanta más ver tu cuerpo cuando te desnudo, y en el momento que sé que tu piel va a ser cubierta por mis besos y mis manos, para evitar así que alguien más pueda verte, así que mejor tapate para seguir imaginándote así desnuda tan solo para mí.  - ¿Sabes que eres el hombre más hermoso que jamás haya conocido? -No lo creo güerita porque tú sí que eres la mujer más hermosa que jamás haya yo visto en cualquier parque de madrugada. La chica tomó el control remoto de la televisión, apareciendo las noticias locales y buscó su bolso de mano para sacar su celular y al ver la hora exclamó. -Son más de las 9 de la noche papito y me tengo que ir, pero me gustaría saber qué piensas hacer tú. -Yo haré exactamente lo mismo que hacía cuando me conociste, esperar el amanecer con la diferencia de que esta vez no será sentado en la banca del parque, gracias a ti que por lo menos tengo donde pasar esta noche y ya mañana me preocuparé por la siguiente. -Me imagino que eres de los que vienes a la isla a buscar empleo en las plataformas. –le dice la chica mientras terminaba de vestirse. -Yo tengo que irme amorcito, pero quiero que sepas que como no quiero que alguien más te encuentre en el parque, yo pagaré el hotel y vendré a verte todos los días hasta que encuentres un empleo o algo, pero tan solo quiero pedirte un favor. -Pues te lo agradezco y puedes pedirme lo que quieras. Le dice tomándola por la cintura para sentarla suavemente en sus piernas, mientras acariciaba la piel de una de sus rodillas. -Yo vendré a verte todos los días, papito lindo para que no tengas hambre ni nada te haga falta en lo que encuentras tu empleo, tan solo quiero que no preguntes nada sobre mí y que no vayas más al parque de madrugada, te dejaré dinero para el hotel y para que comas y te quedes a esperarme aquí. -No te preocupes que nada trataré de averiguar sobre ti, porque ahora sé que mientras más sepa yo de ti, más pronto sabré cuando te tendrás que ir, y todo este dinero en cuanto encuentre el empleo que busco te lo pagaré. -Ay papito en serio que eres tan hermoso y me la pasé tan rico que no me quiero ir.  Le dice la chica desde la puerta del hotel ya abierta y dispuesta a salirse, pero el rojo ceñido a su cintura, lo hizo sentir que esa manzana roja seguía a medio comer y de 3 zancadas la alcanzó, para volverla a besar y mientras se hundía en la profundidad de sus ojos verdes, una patada provocó que la puerta se cerrara y el escotado vestido volara por los cielos como los pétalos de una roja rosa, al viento deshojada. 
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