Año 2014
Hace apenas cuatro días que llegué a vivir a la ciudad de Madrid, esperando encontrar un futuro prometedor y nuevas oportunidades. Me bajé de aquel bus con muchas esperanzas y sueños por cumplir, pero ahora me sentía ansiosa, porque estaba en problemas, ya que, estaba a poco de terminar de gastar el dinero que mis padres me habían dado para emprender esta aventura.
Nunca esperé que los hoteles fueran tan costosos, y definitivamente pensaba que al llegar a la ciudad encontraría un trabajo que me permitiera poder alquilar un cuarto que sea lo suficientemente cómodo para una estudiante universitaria como yo lo era desde ahora, pero al estar aquí, había descubierto que la vida era mucho más dura de lo que había imaginado. Donde sea que pidiera una oportunidad laboral, terminaba con recibir por respuesta una puerta cerrada, dada a mi nula experiencia. ¿Cómo carajos pretendían que una chica tan joven tuviese experiencia en ese ámbito? Era ilógico.
Terminar la secundaria y mudarme a Madrid a estudiar la carrera de negocios fue mi sueño desde que tenía 14 años. Pero ahora, cuando estaba casi por comenzar a vivir aquella ilusión, ya no me sentía tan segura de mis decisiones. El cuento de hadas que me inventé, se había esfumado a como lo hizo la hermosa carroza de la Cenicienta cuando el reloj marcó la medianoche. Todo no era tan malo, porque corría con la suerte de ganar una beca completa en la universidad gracias a mis esfuerzos en obtener las mejores calificaciones durante todos mis años de secundaria, pero eso no quitaba el hecho de que ahora debía financiar lo que la beca no cubría, como la alimentación, transporte y estadía.
Sentada en la parada donde me dejó el autobús, me sentía desesperada. Nadie podría culparme de estar al borde del llanto, mientras buscaba en internet algo más cómodo donde poder quedarme a vivir. Aquellos últimos anuncios de cuartos de alquiler, eran mi última opción, de lo contrario, tendría que regresarme a la casa de mis padres antes de que me gastara lo poco que me quedaba. Provenía de una familia humilde de Barcelona, donde mis padres tenían que mantener a dos hijos y, además, a los abuelos con sus pequeños empleos en el mercado, por lo que, el dinero no alcanzaba para mantenerme por mucho tiempo en Madrid sin encontrar un trabajo.
En definitiva, el dinero estaba por acabarse, ese era mi más grande temor, y no podía pedirles más a mis padres. Pero, justo cuando estoy a punto de darme por vencida al no encontrar nada dentro de mi alcance, un anuncio con grandes letras rosas, llama mi atención. Al parecer, un tal Sergio Izumi necesitaba un compañero o compañera para su apartamento. Cobraba 55 euros al mes por una habitación, lo que me hizo levantar de la parada de un salto, para así revisar cuánto dinero me quedaba en mi cartera.
Un suspiro cargado de alivio deja mis labios al comprobar que aún poseía 75 euros, así que sin dudarlo y sin pensar en lo que diría mi madre al darse cuenta que compartiría apartamento con un hombre, tomo el móvil y marco el número que aparece en el anuncio.
Al segundo tono, un chico con un leve acento asiático, toma la llamada.
—Sergio al teléfono, ¿Con quién tengo el honor de hablar?
—¡Sergio! ¡Hola! ¡Necesito tu habitación! —No quise sonar desesperada, pero al escuchar la risa divertida al otro lado de la línea, supuse que me escuché como toda una indigente.
—¿Quién eres? ¿Acaso una traficante que desea quedarse con mis preciados órganos?
Una pequeña sonrisa aflora en mis labios al escuchar la forma divertida en la que hablaba ese chico, algo en su tono de voz me hacía sentir que no debía de temer y que además, todo iría bien.
—Soy Molly, hace poco llegué a Madrid y de verdad… necesito dónde quedarme, si no, terminaré por dormir en las calles, pueda que muera de frío y luego eso quedará en tu conciencia…
—Si dejas de hablar, es tuyo, Molly. Pues ya comienzas a marearme.
Suspiré aliviada y le agradecí en silencio, sin percatarme que aquella extraña llamada era el comienzo de una gran amistad. Sergio Izumi terminaría por convertirse en uno de mis mejores aliados en esta extraña aventura a la que llamo: vida.
Año 2016
Hoy ha sido un día realmente agotador, he tenido que asistir a mis clases en la Universidad y luego de eso, he ido a trabajar en el agotador empleo que tengo de medio tiempo vendiendo boletos en el cine.
Honestamente solo quiero llegar a mi cama y dormir hasta mañana, pero mis planes se ven obstaculizados por el idiota de mi mejor amigo y una gran fiesta que tiene montada en el departamento que compartimos.
Mis piernas arden a causa de pasar mucho tiempo de pie en mi trabajo, por lo que al abrir la puerta principal, corro directo a mi habitación, ignorando las manos levantadas en señal de saludo por parte de los demás. No había acabado de tirarme en la cama, cuando Sergio ya estaba tirando de una de mis manos, para obligarme a ponerme de pie.
—¡Vamos, Molly! No seas tan aburrida y saca tu trasero de la habitación.
Quiero llorar, porque nunca soy capaz de decirle a Sergio que no. Me levanto y coloco mi mejor cara, lo que me provoca hacer una mueca ante el dolor que siento en mis mejillas al pasarle sonriendo a los clientes durante todo mi turno..
—Me debes una, Sergio y quiero que sepas que iré solo porque te quiero.
—Venga, Molly. Hay un chico guapo que quiero ligar, por lo que necesito que entretengas a Maximiliano.
Resulta que, cuando me mudé con Sergio, jamás imaginé que fuese homosexual, sino hasta un mes después, cuando llegué a casa y abrí la puerta de su habitación, encontrándome la desagradable escena de ver a mi amigo cogiendo con otro chico. Recordar ese día aún hacía que mi estómago se estrujara.
—¿Tu amigo Max está en casa? —indago con curiosidad mientras lo sigo al pasillo.
—Sip.
—¿Y cómo pretendes que lo entretenga si nunca hemos hablado? —cuestiono.
—Ya se te ocurrirá algo, amiga —se encoge de hombros—. Además, él es muy guapo y tú estás soltera…
Me sonrojo automáticamente, porque Sergio tiene razón, su amigo es bastante atractivo. Aunque no creo que él piense lo mismo de mí. Nunca he sido una chica muy guapa a los ojos masculinos, soy de estatura pequeña, mis ojos son café oscuro y quizá lo más atrayente de mi sea mi melena rubia. Mamá siempre dijo que tenía una mirada seductora, pero no creo lo mismo, de hecho considero que mi mirada es incluso muy aburrida.
Me acerco al grupito de amigos de Sergio y saludo a todos de manera general, fingiendo una sonrisa educada. Sergio se coloca al lado de un tipo que no conozco y supongo que es quién se convertirá en su víctima de la noche.
—Molly, este es Cristián, el primo de Maximiliano —me presenta y ahí recién comprendo el por qué necesitaba mi ayuda para distraer y cazar su presa.
—Un gusto, Cristián. Soy la compañera de departamento de Sergio y su mejor amiga —saludo con una sonrisa.
—Veo que Sergio no exageraba al describirte, en serio eres hermosa —comenta el chico con una pequeña sonrisa, a la vez que estrecha mi mano.
Vuelvo a sonrojarme y bajo la mirada, aún sin comprender por qué los halagos seguían avergonzándome.
—Y…. Bueno, ¿Qué te parece si llevas a Molly por un trago, Max? —interrumpe Sergio, alejando la mano de Cristian de la mía.
—¿Tan pronto quieres deshacerte de mí, bastardo? —pregunto ofendida, causando la risa de Cristian y Maximiliano.
—Siempre —contesta naturalmente.
—¿Molly? ¿Te parece si me acompañas y así dejamos a los tortolitos solos? —pregunta Max, extendiendo su brazo en mi dirección.
—Para eso fui sacada de mi habitación, Max —le guiño un ojo y engancho mi brazo en el suyo, dando media vuelta y caminando en dirección a la barra de alcohol.
Meses después…
El día de hoy Maximiliano y yo cumplimos 4 meses juntos.
Así es, somos novios. Luego de aquella fiesta en el departamento, resultó que ambos teníamos mucho más en común de lo que creíamos, por lo que, la química fue instantánea y al poco tiempo comenzamos a salir.
La pasaba tan bien a su lado, que creía fielmente en que ambos habíamos sido hechos para estar el uno junto al otro. Estar con Max era muy fácil, nunca discutíamos y las cosas fluían de manera natural entre nosotros. Sentía que poco a poco me estaba comenzando a enamorar de él, de sus detalles conmigo y de lo atento que era cuando estábamos juntos.
Mis padres y hermano lo veían con buenos ojos, además de que no dejaban de repetir que era una buena influencia en mi vida.
Pasábamos mucho tiempo juntos, casi todo el tiempo que yo tenía libre lo invertía en él, además Sergio estaba saliendo con el primo de Max, Cristián, y generalmente hacíamos citas dobles, las que definitivamente todos amábamos.
Nunca antes había tenido una relación seria, por lo que, aquello que estaba construyendo con Maximiliano lo sentía como algo especial y nuevo. En realidad, no deseaba estar con otra persona que no fuese él. Por lo que, cada día que pasaba a su lado, me aferraba a la idea de que nada malo sucedería en nuestra relación.
31 de Diciembre del 2019
Estamos a solo horas de dar la bienvenida al año 2020, pero este año no siento la misma
emoción que en años anteriores, Max se había trasladado de ciudad hacía unos meses atrás, dejando un enorme vacío en mí. Me muevo entre los amigos de Sergio que no dejan de bailar o tomar en medio de la sala, demostrando lo felices que se sienten de estar juntos, mientras que yo solo deseo volar lejos de ese lugar. ¡Cómo me gustaría que Maximiliano estuviera junto a mí!
Desde su partida, las cosas no han estado bien entre nosotros y he llegado a pensar que ese traslado de ciudad es lo peor que nos pudo haber pasado como pareja. Max dice que es feliz en su nuevo empleo, y me alegro por él, pero no puedo dejar de sentir que gracias a eso nuestra relación se quebró un poco. La distancia no es fácil de llevar y cada día que pasa me siento aún más lejos de él, y no me refiero a una cuestión de kilómetros, solo que cada vez hablamos menos y las videollamadas ya no son suficientes para mí.
Me gustaría poder irme a vivir a Málaga con él y dejar mi vida aquí, pero las cosas no son tan fáciles. Yo no tengo un empleo asegurado ahí, a diferencia de él y me gusta mi vida aquí, estar con Sergio y Catalina.
Mi mejor amigo se acerca a mí y me da un abrazo amistoso. Lo observo de reojo y sonrío, porque si de algo debo sentirme agradecida es de tener su compañía en este momento.
—¿Has hablado con Max? —pregunta mi mejor amigo con un tono de confidencialidad. Observo a nuestro alrededor y ninguno de los presentes nos está prestando atención. Catalina se encuentra cerca de nosotros, pero parece absorta en sus pensamientos.
Seguro ha tenido una nueva desilusión amorosa, en eso se resume la vida de mi mejor amiga últimamente.
—No, lo llamé por la mañana y no contestó. Debe estar trabajando —le contesto a Sergio, disimulando el dolor que eso me provoca.
Debo parecer una estúpida intentando justificar el hecho de que mi novio no me de la mínima atención que merezco.
—Tu madre me preguntó por él —dice mi amigo. Hago una mueca, porque mi madre está muy confiada en que Maximiliano tiene a otra mujer—. Solo le dije que no vendría hoy y creo que deberías hablar con ella, se nota algo preocupada por ti.
Voy a contestarle a Sergio, pero mi celular comienza a vibrar, anunciando una llamada entrante. Mi rostro se ilumina al ver el nombre de Max en la pantalla y voy apresurada hasta mi habitación, para poder conversar con él en tranquilidad.
Contesto la llamada y al escuchar su voz, algo dentro de mí se enciende, es esperanza de que las cosas entre ambos mejoren y podamos volver a ser los mismos que antes.
—Tenemos que hablar Molly, hay algo que me tiene un poco inquieto —mi estómago se contrae, porque esa frase no indica nada bueno.
—¿Qué ocurre, amor? ¿Problemas en el trabajo? Si es así, podrías considerar volver aquí, incluso si no te reciben en tu antiguo trabajo sé que Sergio te puede ayudar a encontrar algún empleo bueno —hablo rápidamente, con la esperanza creciendo cada vez más en mi interior.
—No es eso Molly, a mi me gusta mucho vivir aquí. Mi trabajo es genial, mi departamento también lo es y de hecho, no quiero volver a Madrid —dice. Sus palabras calan en lo más profundo de mi, haciéndome sentir débil y vulnerable.
Siento pánico y se forma un nudo en mi garganta.
—Pensé que te irías por un año, eso es lo que dice tu contrato…
—Mi jefe no quiere que me vaya y yo tampoco quisiera irme Molly, eso intento decirte.
—¿Quieres que me vaya a vivir a Málaga? ¿Eso quieres decir, Max? —no puedo identificar mis emociones y mis ojos se empañan en lágrimas que quieren salir libres y correr por mis mejillas.
>; ruego a Dios.
—Molly, no lo hagas más difícil…
—Dilo Max, solo di lo que quieres —me quiebro y comienzo a sollozar en voz baja, sintiendo como todo lo que hemos construido en estos años se cae a pedazos frente a mis narices.
—Esto debe acabar, ya no podemos seguir intentando estar juntos. No funcionamos.
Y con eso, todo termina por derrumbarse en mi interior.
No sé si yo corto la llamada o lo hace él, solo sé que lloro con tanta fuerza que Sergio entra disparado en mi habitación para refugiarme en sus brazos. Mi mejor amigo habla, pero no lo escucho, solo soy capaz de llorar desconsoladamente.
(...)
Miro al techo sin ningún pensamiento en concreto, solo observo fijamente en esa dirección. Sergio está recostado a mi lado, sin decir nada y Cata ha entrado hace un par de minutos en mi habitación.
—Él terminó conmigo —susurro con la voz temblorosa, pero sin llorar.
—Lo sé, es un idiota —murmura Sergio entre dientes.
—Es tu amigo…—señala Cata con un deje de reproche.
—Tengo amigos muy idiotas —se defiende él. Sonrío y me doy vuelta sobre mi cuerpo para quedar de lado y quedar frente a sus rostros.
—No voy a amargarme por esto, es más, tengo una genial idea —les comento a ambos.
Sergio me observa expectante, intentando leer mi expresión facial y Cata alza una ceja en mi dirección, dándome el pase para hablar.
—¿Qué pretendes? —pregunta ella.
—Como propósito de año nuevo, saldré con 12 chicos, uno en cada mes de este nuevo año, hasta que encuentre a mi hombre ideal —sonrío con aire divertido, pero Sergio me devuelve una mirada confusa.
—¿Qué diablos, Molly? —gruñe Sergio.
—Eso haré, ya verás lo divertido que resultará…
—Vale, te volviste loca —agrega Cata.
Ignoro sus comentarios, porque a mí me parece una idea espectacular. Bien, 2020, ¡Prepárate porque una nueva Molly ha llegado!
NOTA: Aquí vamos con el comienzo de esta novela que estamos escribiendo para ustedes
Un abrazo a la distancia