Veo con detenimiento mis manos sudadas mientras estoy sentado en una silla del aeropuerto y no puedo creer que Lorenza me haya convencido de regresar, en mis maletas van las cartas que escribí a mi niña hermosa. — Sé que estás asustado hijo, debes tener calma que todo saldrá bien y de eso estoy segura. — Gracias nana, pero no estoy seguro de ello. — Pasajeros con destino a Nueva York abordar en la sala 7. Suspiro, nos esperan ocho horas y no sé qué voy a decir cuando mi familia me vea llegar, no hemos avisado que iremos. — Es hora hijo … yo asiento y caminamos hacia la sala para abordar el avión. Me voy arrepintiendo de regresar, pero ya es demasiado tarde, estamos a metros de altura y el regreso a Los Ángeles es inminente. — Esta es la carta 31 que te escribo bonita a pesar que

