Me encontraba llorando sobre mi cama, la poca luz del sol atravesaba mi ventana, mis muñecas de porcelana estaban en el mismo lugar que la deje hace dos noches. La mesita que simulaba una fiesta de té tenia sus tazas tiradas. Escuche cuando mis abuelos se despidieron, papá y mi hermano discutían, todo en mi casa era un caos, por otro lado mi hermanito lloraba y se escuchaba a la pobre de Claire intentando calmarlo. Me levante lentamente ignorando los gritos que se daban mi padre y fran, entre al cuarto donde la linda chica de cabellos de oro, piel blanca y ojos grises estaba apunto de llorar desesperada de no saber que hacer.
— Se calma cuando le cantan — Dije con las mejillas aun húmedas.
— ¿Que le canto? — Dijo desesperada. La tome de la mano y la lleve a mi cuarto donde junto a mi cama se encontraba una silla mecedora.
— Siéntate — Le indique y ella lo hizo — Empieza a mecerte, yo le canto — Ella sonrió limpiando mis mejillas y luego se empezó a mecer adelante y atrás como se lo permitía la silla de una manera lenta y calmada.
“A la Nanita, nana, Nanita ea, Nanita ea.
Mi niño tiene sueño bendito sea, bendito sea.
Fuentecita que corre, clara y sonora, ruiseñor que en la selva cantando llora.
Calla mientras la cuna, se balancea, a la Nanita nana, Nanita ea”
Deposite un beso en la frente de mi hermanito que se había quedado ya dormido.
— Eres una experta — Dijo Claire — Seras buena madre algún día — Se levanto con cuidado y se dirijo al cuarto de al lado para acostar al pequeño ya dormido, mientras yo la seguía
— Se a que te refieres, me tocara dejar de jugar con mis muñecas para cuidarlo a él — Señale el tranquilo Damian que minutos antes no paraba de llorar
— Mi niña, eres muy chiquita — Se hinco delante de mi, tomo mis hombros y continuó — apenas tienes 11 años, por lo tanto pediré a Fran mudarnos cercas ¿Te parece? — Yo solo la abrace lo mas fuerte que pude.
— Por favor, no me dejen — Ella correspondió mi abrazo, beso mi cabeza
— Hablare con él — Me regalo una linda sonrisa
Ella me llevo de la mano hasta mi habitación nuevamente, se acostó a mi lado, quito mi coleta atada con un lazo n***o, y peinaba con sus dedos mi cabello, hasta que de un momento a otro por fin me quede dormida. Soñaba con mi madre, jugando en un jardín, era hermoso, no sentía ningún miedo, los arboles a nuestro alrededor sólo transmitían paz, tranquilidad y un pequeño toque de esperanza. El cielo era resplandeciente, solo escuchaba la risa de mamá acompañada de la mía. Todo era perfecto, hasta que escuchaba unas voces a lo lejos llamándome, ella con su perfecta sonrisa se despidió y continuo un sendero arriba de la montaña que ignore hasta ese momento. Poco a poco se fue alejando y aun me llamaban.
— Valentina, despierta, despierta pequeña — Me sacudía mi hermano levemente para despertarme
— ¿Mamá? — Pregunte en cuanto desperté totalmente y recordé el sueño.
— Es un sueño mi niña — Coloco sus manos en mi cabeza dejándolas caer mientras tocaba mi cabello hasta llegar a mi rostro y limpiar las lágrimas que habían caído.
— Fran ya llego el coche — Dijo Claire con Damian en brazos desde la puerta, lo mantenía bien abrigado, como si fueran salir en medio de la noche ¿Noche? Mire la ventana y eso era de noche, la luz de la luna atravesaba la ventana
— ¿A donde van? ¿A donde se llevan a mi hermanito? — Me levante rápido para ir detrás de Claire, pero Fran me tomo del brazo, observe que la gran parte de mis cosas no estaban, mis vestidos, zapatos, incluso mis muñecas — ¿Y mis cosas? — El tomo un suéter que estaba en mi cama y me lo puso
— Te vienes con nosotros enana — Dijo subiendo el cierre de mi suéter.
— ¿Por que? — No entendía nada.
— Porque con tan solo verte recuerdo a la mujer de mi vida, a la persona que tanto ame. Por lo tanto te vas con tu hermano y su esposa — Se acercaba a mi lentamente — Toma aquí te dejo estos velos y vestidos de herencia, eran de tú madre cuando tenía 18 años — Me entrego una bolsa con las cosas mientras decía — Desde ahora en adelante tus dos padres murieron, y recuerda esto — Se agacho para mirarme con sus ojos color marrón, mostrando frivolidad, haciendo que recorriera un escalofríos en toda mi espina dorsal hasta llegar a mi nuca.
— No papito, yo quiero estar contigo — Lo iba abrazar pero el me alejo — No me rechaces por favor — Mis ojos avecinaban algunas lágrimas
— Basta Valentina, te odio, te odio maldigo el momento en que tu madre no permitió que te abortará — Me acerque con rabia y lo empuje con tanta fuerza podía.
— Jamas te lo perdonare y si, para mi estas muerto, desde el momento que enterré a mamá, te enterré a ti — Sentí mi pequeño rostro arder, me toque el rostro, el me había proporcionado una cachetada
— No te le acerques a Valentina, porque te recuerdo que de ahora soy yo quien velare por su bien estar, y si de ti debo defenderla lo haré — Dijo mi hermano poniéndose delante de mi.
Solo llore y baje las escaleras corriendo, entre en el coche, Claire me vio y solo me abrazo, minutos después bajo Fran cerro de golpe la puerta de la casa, entro en el asiento del copiloto y giro para darme la bolsa.
— Es lo único que nos queda de mamá, algunas cosas las guarde en una maleta para ti —
— Gracias Fran — El volvió la vista hacia al frente. Y así la noche del 13 de Agosto de 1990 deje de vivir en la ciudad para ir me al pueblo, donde toda mi vida cambiaría drástica mente.