Accidente y perdida de memoria.

1382 Words
Taylor le entrego a su asistente David Santos los documentos del matrimonio para que lo hiciera legal temprano en la mañana. Al día siguiente... 9:30.a.m. Taylor recibió información de Axel y el acta de matrimonio. Su sonrisa era radiante, de un hombre ganador. La información decía, que Axel se había levantado, cuando vio su boca mordida y las marcas de besos en su cuello, golpeó el espejo con su puño haciéndolo quebrarse en varios pedazos y romper la piel de sus nudillos haciéndolo sangrar. Axel tomó su celular y llamo a Cameron su asistente para que investigue lo sucedido con él, pero Taylor no había dejado pruebas. — David, limpia bien. Por ahora my iceberg... no puede saber la verdad. —Si — Contesto David para salir de la oficina. Más tarde... El aire en el apartamento de Axel estaba cargado de tensión. Las palabras de su novia, Alicia Hall, resonaban en el silencio, cada una de ellas un dardo directo al corazón de su ya frágil estado de ánimo. Habían discutido, como tantas otras veces, sobre la ausencia de Axel, sobre su obsesión con el trabajo, sobre la distancia que los separaba. Pero esta vez, algo se había roto. Alicia no podía perdonar su "infidelidad" Esas marcas de beso lo decían todo. —¡No puedo más, Axel!— exclamó Alicia, sus ojos llenos de lágrimas y frustración. —Estás ausente incluso cuando estás aquí. No te importo, ¿verdad? Solo te importa tu maldita empresa, tus tratos y tu odio de venganza contra Taylor. Yo… yo necesito a alguien que esté presente, alguien que me vea. Y ahora sales con esto... infidelidad. Axel, agotado y acorralado, respondió con la frialdad que Alicia tanto odiaba. —No tengo tiempo para esto, Alicia. Tengo que resolver algo importante. Podemos hablar más tarde. —¿Más tarde? ¡Siempre es 'más tarde', Axel!— gritó ella, su voz quebrándose. —Ya no hay 'más tarde' para nosotros. Me voy. Alicia salió del apartamento con sus maletas, cerrando la puerta con un portazo que pareció resonar en el alma de Axel. Se quedó solo, el eco de sus palabras flotando en el aire, la amargura de la discusión picando en su garganta. La rabia y la desesperación se mezclaron, creando una tormenta en su interior. Sin pensarlo dos veces, Axel agarró las llaves de su coche y salió, buscando calmar su mente en la velocidad, pero nada lograba disipar la oscuridad que lo consumía. Conducía imprudentemente, acelerando y frenando bruscamente, cada giro del volante un reflejo de su turbulencia interna. Mientras tanto, Taylor se dirigía a una reunión secreta, su propio coche n***o deslizándose silenciosamente por las calles. Había estado rastreando los movimientos de Axel, siempre un paso por delante, siempre observando. Fue entonces cuando lo vio: el deportivo de Axel, zigzagueando erráticamente entre los carriles, una clara señal de peligro inminente. Taylor aceleró, intentando alcanzarlo, una mezcla de miedo preocupación y una retorcida curiosidad invadiéndole. Sabía que Axel era un conductor habilidoso, pero la imprudencia que mostraba ahora era alarmante. Y entonces, sucedió. En una curva cerrada, Axel perdió el control. El coche derrapó violentamente, chocando contra una barrera de contención con un estruendo ensordecedor. El impacto lanzó fragmentos de metal y cristal por el aire. Taylor frenó bruscamente, el corazón latiéndole desbocado en el pecho. —¡Mi esposo!... Taylor salió del coche, ignorando las precauciones, y corrió hacia donde estaba el deportivo de Axel destruido. Las sirenas de la policía, ya se escuchaban a lo lejos, pero Taylor no podía esperar. —¡Axel! —gritó, tratando de abrir la puerta destrozada. —¡Axel cariño, responde!. Logró abrir la puerta y se encontró con la escena más desoladora. Axel estaba inconsciente, su rostro pálido y cubierto de sangre, el cinturón de seguridad apretado contra su pecho. El olor a gasolina y metal quemado flotaba en el aire. Taylor, con una frialdad que contrastaba con la gravedad de la situación, sacó su teléfono. —Sí, hola. Necesito una ambulancia en la intersección de la Avenida Central y la Calle xxx hubo un accidente grave, hombre inconsciente. Mientras esperaba la llegada de los servicios de emergencia, Taylor observó a Axel con preocupación y miedo. Los paramédicos llegaron y trabajaron rápidamente para sacar a Axel del coche destrozado. Taylor, con una expresión de preocupación, se acercó a uno de ellos. —Soy su… su esposo ¿Cómo está?. —Está grave, pero estable. Necesita ir al hospital de inmediato— respondió el paramédico, mientras subían a Axel a la camilla. Taylor subió a su propio coche y siguió a la ambulancia. ***************** El olor a antiséptico y el zumbido constante de las máquinas llenaban la habitación. Axel estaba en el quirófano. A pesar de la preocupación y el miedo de que Axel muera. Una idea, oscura y tentadora, comenzó a germinar en la mente de Taylor. La pérdida de memoria era una posibilidad real. Y si eso sucedía… las oportunidades serían infinitas. Su mente ya trazando el plan maestro de conquista. Después de que Axel fue sacado del quirófano, fue puesto en una habitación. Horas después abrió los ojos lentamente, la luz brillante del techo le causaba un dolor punzante. Intentó mover un brazo, pero un dolor agudo le recorrió el cuerpo. Su cabeza daba vueltas, como si estuviera atrapado en una densa niebla. La puerta se abrió suavemente y Taylor entró, una sonrisa de preocupación en su rostro. —Axel, ¡gracias a Dios que despertaste!— exclamó, acercándose a la cama. Axel lo miró, frunciendo el ceño. —¿Quién… quién eres tú? ¿Dónde estoy?. Taylor sintió una punzada de triunfo, pero la disimuló hábilmente. —Soy Taylor Holding, Axel. Tu esposo. Estás en el hospital. Tuviste un accidente terrible. Axel parpadeó, la confusión grabada en su rostro. —¿Esposo? No… no puede ser. Yo no… no te conozco. Somos hombres. Taylor sacó una carpeta de su chaqueta, la misma que había usado para los documentos del matrimonio. —Oh, pero sí que me conoces, cariño. Y más importante aún, estamos casados legalmente. Mira. Le entregó el certificado de matrimonio, la tinta fresca y las firmas inconfundibles. Axel lo tomó con manos temblorosas, sus ojos recorriendo las palabras con incredulidad. —Esto… esto es falso— balbuceó. —Yo nunca firmé esto. —Lo hiciste, mi amor— dijo Taylor con firmeza, su voz ahora teñida de una autoridad innegable. —Estabas… afectado a noche. Pero firmaste. Y mira, aquí están las fotos— sacó una tableta y le mostró algunas de las imágenes más comprometedoras que había tomado. Axel se quedó sin aliento al ver las fotos. Eran ellos, en situaciones vergonzosas, vulnerables y expuestos. La memoria de esa noche era un borrón, un vacío aterrador. Pero las imágenes, y la presencia imponente de Taylor, le decían que algo terrible había sucedido. —No… no recuerdo nada de esto—susurró Axel, la desesperación apoderándose de él. —Es normal, cariño— mintió Taylor, acariciándole la frente con una mano que Axel instintivamente apartó —La conmoción, el golpe en la cabeza… ha afectado tu memoria. Pero los documentos son reales, Axel. Y yo soy tu esposo. Y ahora, tú eres mi… marido. Íbamos a nuestra luna de miel, pero lo dejaremos para cuando te den de alta. Axel lo miró fijamente, tratando de encontrar alguna chispa de verdad en los ojos de Taylor, pero solo encontró una fría y calculada ambición. La pérdida de memoria lo había dejado indefenso, a merced de su captor. —¿Qué quieres de mí?— preguntó Axel, su voz apenas un hilo. Taylor sonrió, una sonrisa que no llegaba a sus ojos. —Solo asegurarme de que las cosas estén en orden, amor. Que todo esté como debe estar. Y ahora, con tu memoria un poco… confusa, todo será mucho más sencillo. Tendrás que confiar en mí. Después de todo, soy tu esposo, el que más amas. La habitación se sintió de repente mucho más pequeña, y el futuro de Axel, incierto y aterrador, se desplegaba ante él como un abismo sin fondo. Había perdido no solo su memoria, sino también su libertad, su identidad, y estaba ahora atado a la sombra de Taylor por un matrimonio forzado y documentos fraudulentos.
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