Voto de Confianza.

1477 Words
La semana en el hospital había sido solo el preludio. Con Axel aún vulnerable y desorientado, Taylor vio la oportunidad perfecta para ejecutar su plan maestro. La preocupación y amor incondicional se había solidificado lo suficiente como para que Axel comenzara a dudar de sus propios recuerdos, y Taylor estaba listo para dar el siguiente paso. Una mañana, con un brillo particular en los ojos, Taylor entró en la habitación de Axel, portando una maleta elegantemente preparada. —¡Buenos días, mi amor!— exclamó Taylor, su voz rebosante de alegría —Tengo una sorpresa maravillosa para ti. Un regalo para celebrar tu increíble recuperación. Axel, que apenas comenzaba a asimilar la idea de que Taylor era su esposo, lo miró con una mezcla de confusión y cautela. —¿Una sorpresa? ¿Qué clase de sorpresa, Taylor?. —¡Nuestra luna de miel!— anunció Taylor, extendiendo los brazos como si estuviera presentando un tesoro— He estado planeando esto en secreto. Un viaje para que finalmente podamos tener nuestro tiempo juntos, lejos de todo. Un nuevo comienzo para los recuerdos. La palabra "luna de miel" resonó en la mente de Axel, evocando destellos de lo que Taylor le había contado. Aun así, la idea de un viaje tan pronto le parecía abrumadora. —Pero… Taylor… ¿no crees que es un poco pronto? Apenas me estoy recuperando. Taylor se acercó y se sentó a su lado, tomando su mano con una dulzura que intentaba ser reconfortante. —Precisamente por eso, amor mío. Necesitas un cambio de aires, un lugar tranquilo donde puedas relajarte por completo. He elegido un destino que te encantará. Un lugar hermoso, lleno de sol y paz. Axel sintió una oleada de incredulidad. —Pero mi familia… ¿qué les diremos? Estarán preocupados si desaparezco así. Taylor sonrió, un gesto que no llegaba a sus ojos. —No te preocupes por eso. Ya me he encargado de todo. Además, les has dicho que estás de viaje de negocios, que te vas unos meses a otro país. Necesitas algo tranquilo, para poner tus ideas en orden. Les aseguré que estarías en buenas manos, y que te pondrías en contacto tan pronto como te desocupes. Axel se quedó perplejo. —Pero… ¿negocios? ¿No se darán cuenta de que es una mentira?. —Axel, mi amor— dijo Taylor, su voz volviéndose más suave, casi seductora —Estás confundido. Es natural, pero confía en mí. Yo solo quiero lo mejor para ti, y ahora mismo, lo mejor es que estemos juntos, solos tú y yo, recordando todo lo que nos une —Taylor se levantó y se dirigió hacia la puerta. —He reservado un vuelo privado. Nos espera un coche justo afuera. Vamos, esposo. Nuestra luna de miel nos espera. Axel dudó, su mirada recorriendo la habitación que había sido su prisión. La idea de escapar, de un nuevo comienzo, tenía un atractivo peligroso. Y la insistencia de Taylor, la forma en que lo hacía sentir responsable por su propia recuperación, lo estaba empujando a ceder. —¿A dónde vamos exactamente?— preguntó Axel, su voz apenas un susurro. —A un paraíso, My iceberg, respondió Taylor, sin girarse— Un lugar donde solo existimos tú y yo. Donde podrás olvidarte de todo lo demás, y solo recordarme a mí. Taylor había comprado una isla solo para ellos dos, tenía una mansión enorme y algunos trabajadores para hacerles la vida más fácil. En el coche que los llevaba al aeropuerto, Axel miraba por la ventana, sintiendo una mezcla de alivio y terror. Taylor, abrazado a su lado, le hablaba de los planes que tenían para su "luna de miel". —Y cuando volvamos, My iceberg —dijo Taylor, su mano acariciando la de él —serás un hombre completamente renovado. Y nuestra vida juntos será aún más hermosa de lo que jamás imaginamos. Axel asintió mecánicamente, incapaz de articular palabra. Sabía que estaba siendo llevado, arrastrado hacia un futuro incierto, construido sobre las ruinas de su propia memoria. La mentira a su familia, la excusa de los negocios, era solo otra capa más en el elaborado engaño de Taylor. Estaba saliendo del país, sí, pero no hacia una luna de miel, sino hacia una jaula dorada, de la cual, temía nunca podría escapar. ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ Con el sol acariciando sus rostros y el sonido suave de las olas rompiendo en la distancia, el hidroavión aterrizó con gracia en las aguas cristalinas. Axel, aún envuelto en una neblina de amnesia, miró a su alrededor con asombro. La isla era un paraíso. Palmeras meciéndose al viento, arena blanca y fina, una vegetación exuberante que prometía tranquilidad y una enorme mansión.p Taylor, a su lado, irradiaba una felicidad radiante, su sonrisa amplia y sus ojos brillando con una emoción que Axel empezaba a asociar con la posesión. —Bienvenido a nuestro hogar, esposo —dijo Taylor, su voz suave y llena de anticipación —Este es nuestro refugio. Nuestro paraíso privado, lo he comprado solo para ti. Axel tragó saliva, la magnificencia del lugar intentando disipar la creciente confusión en su mente. —Tú… ¿nuestro hogar?— repitió, la idea de ser dueño de algo tan vasto aún ajeno a él. —Sí, My iceberg. Lo compré especialmente para nosotros— explicó Taylor, su mano buscando la de él, entrelazándose con firmeza —Para nuestra luna de miel, para nuestro futuro. Un lugar donde podemos ser nosotros mismos, sin interrupciones, sin presiones. Los días siguientes fueron un torbellino de experiencias cuidadosamente orquestadas por Taylor. Le mostraba "su" casa, una villa lujosa y aislada, llena de comodidades y con vistas impresionantes al océano. Le hablaba de "sus" recuerdos compartidos mientras daban paseos por la playa al atardecer. Taylor siempre le hacía cenas románticas bajo las estrellas, llenas de conversaciones íntimas que Axel sentía que debían haber ocurrido, pero que se negaban a materializarse en su mente. Cada mañana, Taylor le despertaba con desayunos exóticos en la terraza, le animaba a explorar los senderos de la isla, o le invitaba a nadar en las cálidas aguas del mar. Y Axel, en su estado de vulnerabilidad, se aferraba a la única figura constante en su vida: Taylor. La amabilidad, la atención y la aparente devoción de Taylor eran un ancla en el mar de su amnesia. Una tarde, mientras observaban el atardecer desde un acantilado, Taylor se giró hacia él, sus ojos llenos de una ternura que, a pesar de las dudas persistentes, lograba conmover a Axel. —My iceberg— comenzó Taylor, su voz un poco temblorosa —sé que todo esto debe ser muy abrumador para ti. Sé que no recuerdas todo, y eso me duele. Pero quiero que sepas que lo que siento por ti es real. Lo que vivimos juntos, antes de… antes de que todo esto sucediera, fue lo más significativo en mi vida. Axel lo miró, la sinceridad en su voz era palpable. Había pasado días intentando reconstruir su pasado, buscando fragmentos de sí mismo, y Taylor era la única pieza que parecía encajar, aunque de forma imperfecta. —Taylor…— comenzó Axel, su voz ronca por la emoción —Yo… yo no recuerdo. No recuerdo todo lo que dices que hemos vivido. A veces, siento que estoy viviendo una vida que no es la mía. Taylor se acercó, su rostro a solo centímetros del de él. —Lo sé, mi amor. Y me duele el corazón. Pero te pido que confíes en mí. Confía en que te amo más de lo que las palabras pueden expresar. Dame una oportunidad, Axel. Un voto de confianza. Permíteme demostrarte que nuestro amor es lo suficientemente fuerte como para superar esto. Axel lo miró fijamente, buscando alguna señal de falsedad, alguna grieta en su fachada. Pero solo encontró una profunda sinceridad, una vulnerabilidad que reflejaba la suya propia. La isla, con su belleza serena, parecía haberlo envuelto en una burbuja de calma. Y la insistencia de Taylor, su amor inquebrantable, empezaba a erosionar las últimas barreras de su escepticismo. Finalmente, Axel tomó aire y asintió lentamente. —Confío en ti, Taylor— dijo, su voz firme a pesar de la incertidumbre —Te doy mi voto de confianza. Ayúdame a recordar. Ayúdame a ser el hombre que dices que fui. Taylor se echó a llorar de alivio, abrazándolo con fuerza. —Gracias, Axel. Gracias. Te prometo que no te arrepentirás. Mientras el sol se hundía en el horizonte, tiñendo el cielo de naranjas y púrpuras, Axel se permitió sentir una chispa de esperanza. Tal vez, solo tal vez, Taylor decía la verdad. Tal vez, en esta isla paradisíaca, con él hombre que afirmaba ser su esposo, podría empezar a redescubrir quién era, y quiénes eran juntos. El voto de confianza estaba dado. El resto, solo el tiempo y la astucia de Taylor lo dirían.
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