Corazones sincronizados.

861 Words
La noche había caído por completo, envolviendo la isla y la mansión en un manto de oscuridad salpicado por las luces titilantes de las estrellas y el suave resplandor de la luna.  La cena en la playa había sido un sueño hecho realidad: la arena tibia bajo sus pies, el sonido rítmico de las olas como banda sonora, y la conversación fluida y llena de complicidad que había surgido entre ellos. Axel se sentía embriagado, no solo por el vino, sino por la presencia de Taylor, por la forma en que sus ojos brillaban a la luz de las velas y por la dulzura de sus gestos. El camino de regreso a la mansión se hizo corto, pero cada paso estaba cargado de una tensión deliciosa. Sus manos se entrelazaban con más fuerza, sus miradas se sostenían más tiempo, y los besos, que habían comenzado tímidos y exploratorios, se volvieron más profundos y apasionados. Cada roce, cada suspiro, era una promesa de lo que estaba por venir. Al cruzar el umbral de la mansión, la atmósfera cambió.  El silencio de la casa amplificaba la intimidad de su encuentro. Subieron las escaleras, sus pasos resonando suavemente en la madera pulida, sus cuerpos pegados el uno al otro, como si fueran atraídos por una fuerza invisible. En el pasillo que conducía a la habitación, los besos se intensificaron, despojándose de cualquier vestigio de duda o vacilación. Taylor lo guío hacia su habitación, un espacio acogedor y elegantemente decorado que reflejaba su personalidad. La luz tenue de una lámpara creaba un ambiente íntimo. Se miraron, la anticipación palpable en el aire. Axel, con el corazón latiendo desbocado, sentía una mezcla de deseo y una extraña inquietud. Sabía que debía llegar este momento con Taylor desde que lo conoció en el hospital y dijo que irían a su luna de miel, pero ahora, al borde de la intimidad física, una duda lo asalto: No sabía si en realidad le gustaban los hombres, ya que solo recuerda algo sobre su ex novia Alicia. Pensó que era heterosexual. Se separaron ligeramente, sus frentes aún unidas. Axel respiró hondo. —Taylor — comenzó Axel con su voz un poco ronca — yo... yo nunca he estado con un hombre antes. ¿Hemos estado juntos?. Taylor lo miró con ternura, sin soltarlo. —Lo sé, Axel. Y eso está bien. Nunca lo hemos hecho. —Pero... no sé cómo funciona esto —continuó Axel, su voz cargada de vulnerabilidad —No sé si... si yo debo ser el activo o el pasivo. Nunca me he enfrentado a esto —La honestidad en su voz era conmovedora, y la forma en que Taylor lo recibía era aún más. Taylor acarició su mejilla con suavidad. —Axel, no hay reglas aquí. No hay una forma 'correcta' o 'incorrecta' de hacer esto. Lo más importante es que ambos estemos cómodos y disfrutemos de la experiencia. Podemos explorarlo juntos, a nuestro propio ritmo. Para ser sincero, me gusta ser pasivo. Las palabras de Taylor eran un bálsamo para la ansiedad de Axel. La comprensión y la paciencia en sus ojos lo calmaron. Se dio cuenta de que su miedo a lo desconocido, a no saber cómo comportarse, era algo que Taylor estaba dispuesto a abordar con él, sin presiones ni juicios. —No quiero que te sientas presionado — dijo Taylor su mirada buscando la de Axel. —Si no es el momento adecuado, o si no te sientes cómodo... — con una sonrisa suave —Axel, estoy aquí contigo. Y lo que siento por ti va más allá de la urgencia física. Quiero que esto sea especial para ambos. Si hoy no es el día para eso, está bien. Podemos simplemente dormir juntos. —¡Espera un momento! ¿Nunca te he tocado? ¿Cómo lo hemos aguantado todo este tiempo?. Taylor nervioso sonríe. —Bueno... He tenido que... te gusta usar mi boca y mis manos de vez en cuando. Axel se sintió un poco avergonzado. Esa noche, el deseo ardiente se transformó en una profunda conexión emocional. Se acostaron juntos en la cama, abrazados, sintiendo el calor de sus cuerpos, el latido de sus corazones sincronizándose.  Hablaron en susurros, compartiendo sus miedos, sus esperanzas y sus sentimientos. Axel se sintió seguro, protegido, y profundamente amado. La ausencia de la consumación física no disminuyó la intensidad de su conexión; por el contrario, la profundizó. Mientras Axel se acurrucaba contra el pecho de Taylor, sintiendo la calidez de su abrazo, Axel experimentó una sensación de paz y satisfacción que lo sorprendió. No había habido sexo, pero había habido intimidad, comprensión y un amor que comenzaba a florecer. En ese momento, Axel se dio cuenta de que Taylor no solo era un hombre fascinante y guapo, sino también alguien con una empatía y una generosidad inmensas. El hecho de que no lo hubiera presionado, de que hubiera respetado su vulnerabilidad, hizo que su afecto por él creciera aún más. Se estaba enamorando, no solo del hombre que lo cautivaba, sino de la persona que era en su totalidad. Y esa noche, en la quietud de la isla, ese sentimiento se afianzó aún más.
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