Jugando.

1163 Words
Al día siguiente... El sol de la mañana ascendía en el horizonte, pintando el cielo con tonos dorados y rosados, mientras Axel y Taylor disfrutaban de un desayuno ligero en la terraza, con vistas al océano. El aroma del café recién hecho se mezclaba con la brisa marina, y el sonido de las gaviotas alborotaba el aire. Axel, a pesar de la confusión que aún reinaba en su mente, se sentía cada vez más a gusto en compañía de Taylor. Su sonrisa, su risa contagiosa y la forma en que sus ojos brillaban cuando lo miraban, lo envolvían en una calidez que disipaba lentamente las sombras de su amnesia. —El amanecer fue espectacular, ¿verdad?— comentó Taylor, sirviéndole más café —Me encanta cómo la luz cambia el color del mar. Es como si cada día fuera una nueva obra de arte. Axel asintió, sus ojos fijos en el horizonte. —Sí, es… es muy hermoso. No recuerdo haber visto algo así antes, pero me da una sensación de paz. —Y esa paz, mi amor, es lo que quiero que sientas siempre. — respondió Taylor, su voz teñida de una dulzura particular. —Quiero que te sientas seguro, amado y en paz. Y si para eso tengo que recordarte todas las maravillas del mundo, lo haré. Después del desayuno, la tentación de la playa se hizo irresistible. El mar, ahora de un azul cristalino, invitaba a la exploración. Taylor, con una energía desbordante, tomó la mano de Axel. —Vamos a la orilla, esposo. El agua está perfecta para un chapuzón. Axel lo siguió, la arena tibia bajo sus pies descalzos. La brisa marina jugaba con su cabello, y el sonido de las olas rompiendo suavemente en la costa era una melodía hipnótica. Taylor, con una sonrisa pícara, se detuvo y lo miró con intensidad. —¿Sabes, cariño? —comenzó, su voz adquiriendo un tono juguetón— Hay algo en esta isla, en esta luz, en ti… que me hace sentir especialmente… audaz. Axel lo miró, un poco desconcertado. —Audaz… ¿en qué sentido?— preguntó, sintiendo un ligero rubor subir por sus mejillas. Taylor dio un paso más cerca, su mirada recorriendo su rostro con una mezcla de admiración y deseo. —En el sentido de que… me apetece jugar contigo. Como solíamos hacer —Se inclinó ligeramente, su voz bajando a un susurro seductor —Recuerdo que te encantaba cuando te perseguía por la playa, intentando robarte un beso. Axel se sintió un poco incómodo. La franqueza de Taylor era abrumadora. Él estaba acostumbrado a un comportamiento más reservado, y la intensidad de su coqueteo lo tomaba por sorpresa. —Yo… no puedo recordar eso —admitió, su voz un poco tensa. Taylor soltó una risita suave. —No importa, mi amor. Yo sí lo recuerdo. Y hoy, voy a hacer que lo recuerdes tú también— Sin más preámbulos, se lanzó a correr hacia el agua, riendo. —¡Atrápame si puedes, cariño!. Axel se quedó paralizado por un instante, la sorpresa y la incomodidad luchando en su interior. Pero la risa de Taylor, tan llena de vida y alegría, lo impulsó a moverse. Comenzó a seguirlo, un poco torpemente al principio, pero la urgencia de no quedarse atrás, de no romper la burbuja de felicidad que Taylor estaba creando, lo animó. Corrieron por la orilla, la espuma del mar salpicándolos. Taylor se giraba ocasionalmente, su rostro radiante, sus ojos invitándolo a seguir. Axel, a pesar de su vacilación inicial, comenzó a disfrutar de la persecución. La energía de Taylor era contagiosa, y la sensación de libertad al correr por la playa, con el sol en su piel y el mar a su alrededor, era embriagadora. Cuando Taylor finalmente se detuvo, jadeando y sonriendo, Axel lo alcanzó. Se quedaron uno frente al otro, la respiración agitada de ambos llenando el espacio entre ellos. Taylor no perdió el tiempo. —Eres sorprendentemente rápido para alguien que no recuerda nada— dijo, su voz aún juguetona. Se acercó a él, su mano acariciando su pecho —Pero no lo suficiente para escapar de mí. Axel sintió un nudo en el estómago, una mezcla de nerviosismo y una incipiente excitación. La cercanía de Taylor, su olor, la forma en que su mirada lo escaneaba, todo lo envolvía en una atmósfera cargada. —Taylor, yo… no estoy seguro de que esto sea… apropiado— murmuró, su voz temblando ligeramente. Taylor ladeó la cabeza, su sonrisa suavizándose un poco, pero sin perder su intensidad. —Axel, ¿qué es lo que no te gusta? ¿O es que te incomoda que te muestre cuánto te deseo? ¿Cuánto te amo?— Se acercó aún más, sus frentes casi tocándose. —No tienes que recordar nuestro pasado para sentir esto. Esto es real, cariño. Lo que sientes ahora, esta conexión, es nuestro presente. Sus manos se deslizaron por sus brazos, deteniéndose en sus hombros. Axel, al principio se tensó, luego comenzó a relajarse bajo su tacto. La sinceridad en su voz, la pasión en sus ojos, empezaban a erosionar su incomodidad. Era como si Taylor estuviera reescribiendo su propia realidad, y él, despojado de sus recuerdos, era un lienzo en blanco dispuesto a aceptar los colores que él le ofrecía. —Solo quiero que te sientas bien, Axel—, continuó Taylor, su voz ahora más suave y persuasiva. —Quiero que te permitas sentir. Permítete ser feliz. Permítete… amarme y que yo te amé como te amo. Sus ojos se encontraron, y por un instante, Axel vio en ellos una vulnerabilidad oculta, un anhelo profundo que resonó en él. Quizás Taylor no solo lo estaba engañando, sino que también estaba luchando por algo que creía perdido. Esa idea, esa pizca de empatía, lo hizo bajar la guardia. Taylor aprovechó ese momento. Lentamente, se inclinó y depositó un beso suave en su mejilla. —Eres tan hermoso, Axel — susurró. —Y me haces sentir cosas maravillosas. Axel, sorprendido por la ternura del gesto, no se apartó. En cambio, sintió una respuesta involuntaria, un calor que se extendía por su cuerpo. La incomodidad no había desaparecido por completo, pero estaba siendo gradualmente reemplazada por una curiosidad, una apertura hacia las emociones que Taylor estaba despertando en él. Taylor se separó ligeramente, sus ojos buscando su reacción. Cuando vio la ausencia de rechazo en su rostro, su sonrisa se amplió. —Vamos a jugar un poco más— dijo, su tono volviendo a ser juguetón, pero con una nueva capa de confianza— Pero esta vez, tal vez, el juego sea un poco más… íntimo. Y mientras el sol continuaba su ascenso, bañando la playa en una luz dorada, Axel se encontró a sí mismo, poco a poco, aceptando la danza de seducción de Taylor, permitiendo que los sentimientos nuevos y confusos que Taylor despertaba en él comenzaran a tomar forma, sin saber que esa aceptación era precisamente lo que Taylor deseaba.
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