En sus hombros

1634 Words
Veo los ojos de Maximiliano rojos, en una combinación de rabia y odio a la vez. Doy unos pasos para atrás asustada. Puedo sentir mi respiración agitada, y mis manos temblar de miedo al ver sus ojos clavados en mi. Se acerca a mi de una manera tan abrupta, que me hace pegar de la pared del ascensor. Trago grueso para mirarlo, está tan molesto que puedo ver las venas de su frente marcadas de la molestia. —¡Te dije que no debes provocarme, y mucho menos andar de zorra! —apretó los puños con molestia. Tengo miedo, siento miedo de que pueda hacerme algo como la última vez, aunque en esos momentos su mirada no es para nada de deseó, puedo ver rabia y odio a la vez. —Déjame en paz Maximiliano,—gritó con fuerza. El me toma por el cuello, haciendo que corte mi respiración. Siento mis mejillas rojas, y casi no puedo hablar. —¡No me vas a hacer ver cómo un maldito cabrón Emilis Jhonson, no quiero que vayas a esa dichosa cena, soy tu marido ahora y me respetas como tal! —grita en mi cara, mientras siento su respiración en mi rostro. No sé qué hacer en ese momento, pienso por unos segundos, hasta que veo que hemos llegado a la planta dónde queda mi oficina,. Golpeó sus pelotas, para hacer que con eso me suelte y pegue un grito ahogado mientras se revuelca en el piso. —¡Déjame en paz, no eres absolutamente nadie en mi vida Maximiliano Brown, solo eres un ser asqueroso y despreciable! Camino con una sonrisa de victoria en mi rostro al dejarlo ahí tirado revolcándose del dolor. Me siento complacida con lo que hice,pensé que jamás en mi vida iba a ser capaz de defenderme de Max, pero ahora que lo hice me siento excelente con eso. Camino apresurada mientras río de la manera que lo hacen los niños cuando hacen una pequeña travesura. —Señora, tiene visita, la dejé pasar por qué la señorita no me permitió dejarla afuera—sonrió con alegría, porque si hizo un escándalo estoy segura que es;. —¡Bri!—la abrazó emocionada como si tuviera mucho tiempo sin verla. Ella me devuelve el abrazo, y me susurra que mi asistente es excelente para cuidar perros. Me río por eso de verdad me alegra de que ella esté conmigo de nuevo. —Cuéntame, ¿cómo te trata Máximiliano? —me pregunta enseguida. Cruzó las piernas mientras respiro sin saber por dónde empezar. —Es un imbécil, el peor de todos los imbéciles Brittany, has de creer que el muy animal fue capaz de violarme. —¡Te violó!—grita con angustia. —Si—bajo la mirada. —No, esto no puede ser posible, y me lo dices tan tranquila, ahora mismo bajó y golpeó a ese patan —la detengo al verla levantarse para salir. —Espera ni siquiera sé si él sabe que me violó Britani —¿Cómo así? —pregunta con desconcierto. —Estaba muy borracho, además, al día siguiente ni quiera me dijo nada, solo cuando abrí los ojos él no estaba a mi lado, y eso no es todo, el día de la boda dijo que no me iba a tocar de nuevo que era asquerosa. Veo a Bri abrir los labios sorprendida, al igual que yo no podemos creer las palabras que Max botó para mí, ¿Quien es ahora Máximiliano Brown? —Siempre me pregunté ¿por qué él ha cambiado tanto? —También lo hice, pero el muy imbécil nunca me lo dijo. —Es que es increíble, tango amor que te profesaba, sus ojos brillaban cuando te veía — hago un puchero recordando aquella época tan hermosa. Dónde sólo éramos el y yo contra el mundo. —Y ahora me ven con odio.—entrecierro los ojos al recordarlo. —Hay algo extraño en todo eso Emilis. —¿Qué querés decir?—pregunto con duda. —¿Nunca te has puesto a pensar que pasó ese día de la despedida de soltera!, ese día que no recuerdas. —articula Bri, y me quedo pensativa. —Otra vez con éso.—niego con la cabeza¿ Que pudo haber pasado? —Si, peque no recuerdas nada ¿o sí? Y si Paola y hizo algo para que te separaras de Max y ella quedarse con él, sabes que siempre estuvo envidiando tu relación, como todo lo que tienes. —No lo sé, pero a estás alturas no me importa, odio a Max con todas mis fuerzas.—lo digo realmente sintiéndolo, aunque, aunque no me siento muy segura de eso. Después de platicar por unas horas. Me quedo con la duda en mi mente¿ Si Paola hizo alguna cosa para separarme de él¿ Pero que? No sale eso de mi mente en un buen rato. —Solo vine a verte de pasada, voy a ver un departamento y visitar a mis padres. — Bri besa mis mejillas. —Me llamas para ir a verte cuando te instalas. —le digo mientras lanzo un beso en su dirección. Las siguientes horas me la paso metida en la oficina. Monto el siguiente proyecto que quiero realizar y que espero que dé buenos resultados. No me dió cuenta de la hora, hasta que Gley entra para despedirse —Señorita Emilis,¿ ya me puedo retirar?, es que, son casi las seis y pues… —Claro que sí, ¡oh qué pena Gley!, se me pasó la hora, cuando sea así, solo vete a casa—le digo realmente apenada. Tomo mi bolso, y salgo detrás de ella, para pedir un taxi. Cuando llegó a la casa, me meto deprisa en la ducha, para verme con Leah, creo que me vendría bien despejar la mente. Estoy absorbida, colocando crema en mi cuerpo cuando siento de golpe la puerta de mi habitación abrirse y ver a un Máx furico entrar y verme completamente desnuda. —Que haces en mi habitación no te enseñaron a tocar —gritó tomando la toalla para cubrir mi cuerpo. Lo ojos se Max me detallan de arriba abajo, puedo sentir sus pupilas tornarse rojas en ese momento. Se acerca a mi tanto que puedo oler su perfume, y escuchar los latidos de su corazón. De pronto sus ojos cambian de una expresión de lujuria a odio. —Solo espero que mientras estés casada conmigo por un año no te acuestes con otro hombre —da un fuerte portazo al salir. Me siento en la cama con ganas de llorar por sus palabras, pero las contengo. Colocó seguro en la puerta y optó por vestirse enseguida, al ver el mensaje de texto de Leah, con la dirección del restaurante y diciendo que ya está por llegar. Suelto mi cabello, me coloco un exquisito y diminuto vestido de color rosa pálida, altos tacones y salgo en busca de un taxi. Mientras voy en el taxi observo Nueva York en todo su esplendor. Los altos edificios y las calles llena de personas de un lado a otro. Miró todo a mi alrededor con emoción porque extrañaba mi ciudad, hasta que nos parqueamos es lo que es un bar restaurante. Le pago al taxista y bajó. No conozco el lugar, por eso estoy realmente asombrada al verlo. Camino a su interior sorprendida por la exquisitez y elegancia. El salón está dividido en dos estaciones, la estación restaurante y la estación Bar, camino al restaurante con seguridad. Puedo sentir las miradas de personas a mis espaldas, y eso me hace sentir jodidamente bien. Veo en una de las mesas a Leah. Se ve bien, camisa de cuadros con pantalón de vestir, es lindo, pero no del todo mi tipo. —¿Tienes raro esperando? —le pregunto besando sus mejillas y él niega con la cabeza. —No, solo unos minutos, estás hermosa — mis mejillas se sonrojan. Le doy las gracias, él pide una botella de vino, y juntos comenzamos a platicar, me agrada mucho su propuesta de trabajo. Definitivamente los autos eléctricos son una buena idea para el mercado. Sacó una libreta para tomar nota de su propuesta, y sigo bebiendo de mi copa de vino. Realmente me siento algo mareada, pero me siento muy bien, hace mucho que no salía con nadie, y me ha hecho bien el ambiente fresco y la música de fondo del lugar, además de la compañía del hombre. Después de dejar todo claro, Leah me pide bailar. Aceptó con gustó y me levanto, sin dejar de sentir la mirada fuerte en mi espalda. Volteo a todos lados pero no logro ver de quién se trata. "Estás loca Emilis, hay millones de personas en este lugar, cualquiera podría verte" Pienso con desconcierto. Una música suave suena, y comienzo a bailar con agrado con Leah, cuando una mano me jala por el brazo. Volteo mi mirada para ver de quién se trata, Cuando veo a Max, furico tirando de ella. Mis mejillas se calientan en ese momento. —¡Suéltame, te volviste loco! —gritó exasperada. Se supone que soy asquerosa, que no me ama, y que soy un estorbo en su vida¿Entonces qué cojones hace persiguiéndome? Y más ahora que estoy convencida que no quiere nada con él. —Vámonos Emilis, no me hagas hacer el ridículo y vámonos — susurró apretando mi mano. —¡No me voy contigo a ningún lado ?—habló fuerte y con decisión. Me mira con una sonrisa burlesca, que me hace estremecer, aunque no se lo doy a notar. —Claro que sí nos vamos— dice para luego tomarme en sus brazos y cargarme en su hombro como si fuera un saco de papas…
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