CAPÍTULO VEINTIDÓS Sofía todavía no podía creer que Sebastián le hubiera pedido matrimonio. Apenas había podido acostumbrarse al hecho de haber encontrado un lugar en el palacio como su amante y que ahora, de repente, tuviera su anillo en el dedo. No podía creer que las cosas hubieran avanzado tan deprisa y que ahora iba a casarse. daba la sensación de que la llevaba una corriente, tan rápido que la mitad del tiempo no había modo de saber qué estaba sucediendo. Sofía no sabía que planificar una boda implicaría tantas cosas. Sabía que no solo sería cuestión de encontrara un sacerdote, tratándose de la realeza, pero había complicaciones en las que ella nunca había pensado. Tenían que organizarse banquetes, tenían que hacerse invitaciones. Incluso debían pedirse permisos, pues la viuda y la

