CAPÍTULO VEINTICINCO Catalina se marchaba de la única felicidad que había podido encontrar jamás, mientras se obligaba a sí misma a no llorar. Cabalgaba más rápido de lo que lo había hecho en todo el día, ignorando el hecho de que ahora estaba oscureciendo y dejando simplemente correr a su caballo. Tenía que correr, pues ahora era una criminal. Había matado a alguien. Había robado este caballo. Cualquiera que la cazara ahora intentaría cortarle el cuello o arrastrarla hasta una horca, no devolverla a la Casa de los Abandonados. Cuando catalina marchó habían gritos de persecución detrás de ella. Ahora se habían desvanecido en el silencio, y a Catalina solo le cabía esperar que no fuera porque estuvieran sacando su rabia con Will y su familia. Al marchar, esperaba que pareciera que los es

