—Por cierto, señor Máximo —dice, captando la atención— ¿cuántos bisnietos le gustaría tener? Digo, debe tenerlo pensado. Imbécil. ¿No podía haber buscado un mejor pretexto? —Pues es una interesante pregunta. Pero al parecer funciona, porque se entablan en una larga conversación que me da el tiempo suficiente para poder enviarle un mensaje a mi corderita. No uno, sino un par de veces. Además, de confirmarme que no tiene ninguna enfermedad. —¿Y? ¿Qué quería tu corderita? —pregunta Antonio, aprovechando que mi abuelo y Sarah están hablando—. Porque era ella, ¿cierto? —Sí, lo era —respondo mientras termino de enviarle el último. —Pero qué lindo mensaje —se burla—.Le tienes una sorpresa a tu campesina, me pregunto qué será. Cierro mi celular y sigo con mi falsa actuación. —Ya lo sabrás

