Da pequeños brincos, incapaz de contener la emoción, sin apartar la vista de mi vientre. Y mis gorgojitos no se quedan atrás. Por alguna razón, comienzan a patear con entusiasmo. Supongo que es su manera de hacerse notar frente a Abril. —P-pensé que ya habías dado a luz y... —Pues aún no —la corto al ver que solloza, mientras acaricia mi pancita—. Pero ya no falta mucho para que mis gorgojitos nazcan. —¿Gorgojitos? —Son dos —le enseño dos dedos y ella salta emocionada. —¡No lo creo! ¡Esa rata te dejó preñada de dos! —se tapa la boca, sintiendo algo que no debía. —Está bien, ya no me importa —le digo para restarle importancia a la rata—. Más bien, cuéntame, ¿qué ha sido de ti en todos estos meses, Abril? ¿Acaso él...? —¡Abril! Pero el grito de una mujer, de afuera, nos interrumpe.

