—Digo, es que me parece raro todo esto, Ayde, y no sería casualidad que tu madre haya sufrido un atentado como tu padre, y no un accidente de auto como te lo hicieron creer. Suelto una risita nerviosa y continúo con mis maletas. —E-es imposible eso, Abril —desvío mi vista hacia mis niños, que ignoran todo lo que pasa a su alrededor—. Fueron mis padrinos quienes me dijeron del accidente, y ellos no saben nada de la familia de mi madre, menos de mi padre fallecido. Aún recuerdo ese día, y todo mi mundo se vino abajo, y solo pude salir a flote con ayuda de London y sus padres. —Además, me entregaron una urna con sus cenizas. Eso es una prueba irrefutable de que no me han mentido. —Entiendo —hace un gesto y vuelve su mirada a mi maleta—. ¿Y a dónde vas esta vez? ¿Estarás para la boda del

