—Vamos, mi pecas, sí hay alguien, y quiero conocerlo antes de... morirme. Mis ojos se abren de par en par y un miedo se instala en mi pecho. —¿Pero qué estás diciendo, abuelo? No te vas a morir. ¿O... sí? Mi abuelo sonríe sutilmente y niega con la cabeza, pero aun así no puedo estar tranquila. Basta ver su físico para saber que algo anda mal en su salud. —Mi pecas, es solo un decir —sigue riendo, pero ese aspecto que tiene no me deja en paz—. No quiero morirme sin conocer a mis bisnietos pelirrojos, tus hijos, mi pequeña Kassandrita. —Abu, creo que aún es muy pronto, yo apenas... —No puedo decirle que no tengo novio. Va a creer que sigo siendo una niña—Tengo un pretendiente, y quizás más adelante te lo presente. Solo debo conocerlo un poquito más. ¡Ay Kassandra, como puedes mentir a

