—E-entonces no entiendo. —Lo suelto y este tose, tratando de recuperar el aire. —Por supuesto que lo vas a entender, pero primero dime qué le hiciste a tu hermanita, que le rompiste el corazón, Antonio. —¿Q-qué? —Parece que se olvidó de que casi le quito el aire. —¿Le rompí el corazón? Ahora sí estoy más confundido que antes. —Habla, Antonio.—Gruño conteniendo la rabia—Mi paciencia se perdió hace horas, y todo es gracias a ti. Y no tengo que recordarte cómo soy cuando la pierdo. Antonio pasa saliva y, nervioso, comienza a contarme lo que pasó con su “hermanita”. Habla de un novio en su empresa, de sus celos, de una discusión. Luego menciona ese club Rosa al que solía ir años atrás para olvidar el maldito trabajo y el caos del bajo mundo, y… —¡¿Qué dijiste?! —grito de pronto, al escuc

