La ansiedad me invadió por completo, todo mi cuerpo se paralizó en un instante cuando vi de nuevo esos ojos que parecían ser los mismos de un animal salvaje y que si me descuidaba podría devorarme en un solo segundo. Sentía que estaba apunto de morir si recibía un solo golpe de ese hombre con la fuerza de un animal de carga.
Un temblor me invadió y por instinto me levanté del piso para poder huir a través de la puerta de escape del lado izquierdo del estudio, pero antes de llegar a ella una persona me tumbó al piso y se subió encima de mí evitando que yo pudiera escapar.
—¿Que forma son esas de saludar a tu padre?—dijo él con una voz tan gélida como un glaciar.—tráelo hacia acá, Ferdinand.
El chico que estaba sobre mí me levantó con suma facilidad para luego tirarme en un sillón viejo y destartalado.
—mi querido Lloyd ¿No estás dispuesto a ayudar a este viejo padre a librarse de sus deudas?
Mi voz se quedó atorada en mi garganta, pero debía hacer algo o mi libertad y mi virginidad podría estar comprometida.
De repente, en medio de toda mi agitación mental, recordé la conversación que había tenido con mis amigos del instituto acerca de nuevas pistas que podrían conducir a una reliquia sagrada que podía curar todos los males con un solo toque.
Me levanté de un solo salto para acercarme a los pies de mi padre y pegar mi cabeza al piso.
—por favor deme una oportunidad para serle de utilidad.
—lo aceptaste muy rápido, bien preparemos la entrega cuanto antes…
—no me refería a eso, padre.—lo interrumpi.—Si mi padre me da su confianza prometo que le traeré ante usted la reliquia de la alianza y haré de mi familia un ducado reconocido por todo el mundo.
—si que dices patrañas para no hacer lo que te corresponde, pero nada de eso te va a servir para librarte de tu destino.—dijo él, y casi de inmediato recibí un golpe que me estrello el rostro contra el piso. Mi nariz comenzó a sangrar a chorros.
Contuve un sollozo y deje fluir la sangre a su antojo. No debía titubear sobre mi destino.
—Sé que es difícil de creer justo ahora; sin embargo, mientras hacía mis investigaciones en la universidad descubrí varias pistas inéditas sobre su paradero. Es por eso que necesito su confianza.
Mi padre se quedó callado un par de segundos y el alivio me recorrió el cuerpo completo porque por lo menos lo estaba considerando.
Después sentí un tirón fuerte de mis cabellos que me obligo a levantarme del piso para verlo directo a los ojos.
—Si no cumples con tu palabra, Lloyd te juro que te encontraré donde sea que te escondas y te matare con mis propias manos.—exclamó para después arrojar mi delgado cuerpo sobre la chimenea. Eso me provocó un fuerte dolor en la cadera que probablemente no sanaría pronto.—Ferdinand irá contigo para vigilarte.
El chico asintió. Su cara siempre había sido como la de un naipe, no parecía tener emoción alguna.
—tienes permiso para matarlo si hace algo estúpido.—dijo y finalmente salió de la oficina dejando un silencio sepulcral en el lugar.
Un chasquido de lengua atrajo mi atención.
—Lloyd, Lloyd, mi querido Lloyd, es más fácil ser amante del vizconde que conseguir esa piedra que nadie ha comprobado que existe.
—dices eso porque no serás tú quien lo va a hacer.—respondí levantándome del piso.—tú nunca has podido simpatizar con mi dolor y por eso siempre minimizas todo lo que hago, sabes…
Me guarde mis palabras, hablar con alguien como él siempre tenían el mismo resultado.
Con dificultad agarre mi maleta y me limpie la sangre de la boca con el dorso de mi mano para luego salir de esa lugar. Ahora ese tampoco era mi hogar ni ningún otro lo sería jamás, pero eso es algo que no me sorprende demasiado; Yo siempre había sido el perro de la familia.
Al salir de la mansión, me quedé envuelto en la fría noche; sin embargo, no tenía planeado rogarle a nadie para que me dejaran dormir aunque sea una noche antes de partir porque estaba casi seguro que hasta las camas habían vendido.
Me reí un poco ante esa imagen de todos los que se decían llamarse mi familia corriendo de un lado a otro para vender cualquier cosa y así pagar aunque fuera un poco de todo lo que deben.
—estás en una situación desesperada y has sido amenazado de muerte, pero aun así tienes ánimos para reírte.—dijo Ferdinand.
—siempre he estado en peligro de muerte Ferdinand ¿No lo recuerdas? Mi padre siempre ha sido así; sin embargo, justo ahora mis ganas de reír de todo esto puede funcionar como un anestesiante efectivo para mi pobre corazón.
El chico a mi lado me escuchó atentamente. Su apariencia era etérea y era sumamente atractivo; con una altura considerablemente más grande que la mía (y eso que yo mido 1.72) su cabello era de un color rojizo opaco y la cereza del pastel eran sus ojos de un color verde como una pradera que se extiende hasta el infinito. Él siempre había sido escolta de mi casa, y a pesar de que ha recibido múltiples ofertas en otros territorios para unirse a ellos, siempre terminaba por rechazarlas todas para quedarse con nosotros. Jamás termine de entender como un prodigio como él, se quedaba en un territorio pobre y lleno de defectos como el nuestro. Al final siempre había sido un misterio indescifrable todo lo que tenía que ver con él.
Los dos caminamos por las calles vacías del pueblo hasta llegar a un parque público. Ahí me hice una cama con la chaqueta que llevaba puesta y un par de prendas más que había sacado de la maleta, por suerte había encontrado uno de los rincones más alejados de la vista de los demás y así mi miseria sería menos vergonzosa. Mientras que Ferdinand se quedó vigilando desde la distancia como un halcón. No tenía intenciones de acercarse a mí y eso lo sabía muy bien.
Coloque la maleta cerca de mi cabeza para usarla como una almohada, no tan cómoda como esperaba, pero funcional a final de cuentas. Observé con detenimiento el cielo nocturno que se alzaba sobre mí.
Estaba sumamente sorprendido por todo lo que había pasado en un solo día. En la mañana estaba recibiendo clases en una de las universidades más prestigiosas del imperio, en la tarde me reuní con los mayores imbéciles que tiene esta nación y en la noche terminé durmiendo como un vagabundo en un parque.
La vida sí que era una mierda para una persona que siempre había vivido en la cuerda floja pendiente de no caer al abismo; pero lamentarse no va a solucionar nada.
Di un largo bostezo y me acomode en mi cama improvisada para rápidamente caer dormido.