—¿Puedo pasar? —dijo Alan entrando a la villa.
—Hola —lo saludó Ulima mientras revoloteaba en la cocina.
El café ya estaba preparándose. El olor llenaba el amplio interior. Alan sonrió a la amable señora que volvió al trabajo tan pronto como él la encontró. Nadie había quedado más sorprendido que Alan cuando supo que Sarah había despedido a la empleada de la casa.
Hace dos semanas él comenzó una búsqueda que prometía ser larga y sin frutos, sin tener idea de dónde comenzar. Así que comenzó con lo que sabía, el pasado. Durante tres años Sarah vivió en la villa, así que era el mejor punto de partida. A pesar de vivir allí, dejó muy pocas evidencias. Casi todas las habitaciones de las tres plantas de la casa habían estado cerradas y sin uso, acumulando una impresionante capa de polvo.
Por lo que él podía ver, ella solo usaba la cocina, el dormitorio principal y el baño. Incluso la sala de estar estaba impecable y prácticamente sin tocar.
En el dormitorio descubrió su anillo de bodas, dejado sobre la mesita de noche. El armario estaba lleno de ropa de mujer, pero al inspeccionarlo más de cerca se dio cuenta de que menos de la mitad de su lado estaba realmente en uso. Todo era en tonos beige, gris o n***o. Todo parecía carente de forma y poco favorecedor, a pesar de las marcas de moda en las etiquetas. Era como si estuviera tratando deliberadamente de pasar desapercibida y no llamar la atención. Incluso la pequeña selección de vestidos de noche al fondo del armario era sencilla, negra y poco inspiradora. No tenía joyas, ni siquiera una simple cadena de oro. En cuanto a accesorios, solo encontró sujetadores de pelo, horquillas y algunos clips.
En el baño, Alan esperaba encontrar una gran cantidad de artículos de tocador, pero sólo encontró lo mínimo indispensable. No había perfumes, ni aceites, ni siquiera sales de baño. Su champú y acondicionador eran marcas genéricas y, aparte de un poco de corrector, no tenía maquillaje.
En ninguna parte de la casa había fotografías, recuerdos u objetos de colección, aparte de unos pocos regalos decorativos de boda.
Nada sugería siquiera un color favorito, ya que las paredes se habían dejado sin tocar y sin cambios desde que la casa fue comprada hace tres años. Al final, Alan solo tenía un puñado de pistas.
La primera pista la encontró en lo profundo del armario, en una pequeña cómoda. Allí encontró pantalones vaqueros, camisas, pantalones cortos, suéteres. Ninguna de estas prendas era de diseñador, pero todas estaban muy gastadas. Parecía que ella valoraba más la comodidad que la moda en su vida diaria, pero eso no quiere decir que no tuviera buen gusto.
Bufandas, gorros de punto e incluso una boina sugerían que le gustaba el arte de combinar y contrastar diferentes elementos. Le gustaban los colores cálidos: ciruela, naranja, caléndula y rojo. Todos eran colores asociados al otoño.
Estaba bastante seguro de que le gustaban los caballos, ya que encontró un par de pantalones de montar en un cajón junto con unas botas de vaquero muy gastadas.
La segunda pista la encontró en la cocina. La cafetera, estaba seguro, había sido un regalo de bodas y sin usar durante tres años. Pero lo que llamó su atención fue una tetera, así como una extensa selección de tés en el armario. Aunque tomar té a veces se considera a la moda, era poco probable que alguien con solo un interés ocasional hubiera coleccionado tantas variedades.
Aún más desconcertante era cómo se lo podía permitir todo. Después de la boda, Sarah había recibido una generosa asignación anual, pero según él, nunca gastó ni un centavo después de despedir a su empleada. Alan revisó varias veces las declaraciones de impuestos conjuntas de Lucas y Sarah, pero ella no hizo ninguna reclamación ni deducción.
No tenía sentido. Si ni siquiera tenía un trabajo a tiempo parcial, ¿de dónde sacaba dinero para gastar en marcas de moda? ¿Y por qué dejarlo todo atrás? Incluso vender la ropa le hubiera dado algún fondo económico. ¿Acaso no las llevó porque no las necesitaba?
Su primera idea fue que había recibido una herencia, pero lo descartó después de investigar sobre su familia. La madre de Sarah, Cindy Tomlinson, provenía de una familia de clase media alta, pero su escasa herencia familiar se destinó a financiar la obsesión de su esposo.
Nathan Tomlinson también provenía de una familia de clase media, pero tenía una pasión por la electrónica. Aprendió casi todo por sí mismo y obtuvo una beca para el MIT. Después de la universidad, pasó de un trabajo a otro antes de decidir iniciar su propia empresa de tecnología. De alguna manera encontró inversionistas y su empresa estaba en marcha.
Al principio tuvo cierto éxito, pero en su afán por desarrollar tecnología cada vez más interesante, olvidó el aspecto más importante del negocio: obtener ganancias. Al final, vender la empresa fue su única opción.
Nadie sabía qué le propuso a Alice Stanton. Alan dudaba que alguien alguna vez tuviera el valor de preguntar. Sin embargo, de alguna manera ella había sido convencida de aceptar sus condiciones con una suya propia: Sarah Tomlinson se casaría con su nieto.
Según Alan, Sarah no había tenido contacto previo con la matriarca Stanton. No estaba seguro de cómo Alice siquiera conocía a Sarah, quien no había tenido ninguna entrada en la sociedad. De hecho, Sarah no tenía ningún papel en la compañía de su padre, a diferencia de su hermano que compartía la pasión de su padre por la tecnología.
Desde lo que Alan entendió, Sarah inicialmente rechazó la propuesta aunque le hubiera dado un esposo rico y la hubiera lanzado al glamour de la alta sociedad. ¿No era ese el sueño de toda mujer? Cuando se corrió la voz de la renuencia de Sarah, la matriarca de los Stanton, Alice, solicitó una reunión privada. Al igual que en su reunión con Nathan, nadie sabía qué se había dicho, pero después Sarah accedió a la boda y la fusión estaba en marcha. Había demasiadas incógnitas para que él pudiera entender cómo o por qué se había juntado todo.
Aun más, según lo que él sabía, su familia pagó por la boda, pero aparte del lugar, no encontró recibos ni evidencia de que se hubiese gastado dinero. No había un planificador de bodas, ningún vestido de novia, no había flores, ni luces decorativas elegantes, pero él recordaba pensar que todo había sido bastante sofisticado y refinado.
Al examinar fotos de archivo de varias revistas y periódicos, notó que la decoración y las configuraciones de mesa se habían hecho hábilmente utilizando tarros de albañil, pedazos de arpillera cortada, cuerda, flores falsas y luces. Incluso su vestido no era nuevo, sino una versión modificada del vestido de bodas de su madre. ¿Lo había hecho ella misma? ¿Por qué?
¿Qué hizo su padre con el dinero destinado a la boda? Además, no vio ninguna foto de su familia en la boda. Incluso caminó hacia el altar sola.
¿Dónde estaba su padre o su hermano durante todo el evento? ¿Por qué dijo que sí? ¿Por qué se quedó durante tres años? ¿Por qué se fue de repente? ¿Qué pasó la noche anterior a su partida?
La última pregunta provocó una sensación de hundimiento en Alan. Lucas afirmaba que ella se había aprovechado de él, pero ¿y si fuera al revés? Considerando lo borracho que había estado Lucas, ciertamente no era algo inverosímil.
—¿Luke está despierto? —preguntó Alan.
—No. El señor Stanton aún no ha salido de su habitación — respondió Ulima, sacudiendo la cabeza.
—¿Podrías hacerle un sándwich o algo?
—Al señor Stanton no le gusta comer por la mañana — respondió Ulima.
—Lo sé, pero necesita algo más que café y whisky.
—Sí, señor.
Alan le dio un gesto de agradecimiento. La ama de llaves tenía un corazón amable y una personalidad tranquila. Francamente, le sorprendió que Sarah la despidiera. Después de escuchar la historia de Ulima, era aún más extraño.
Según Ulima, ella y Sarah se llevaban de maravilla. Sarah a menudo pasaba una parte del día en la cocina con su computadora portátil, charlando mientras Ulima trabajaba. A veces estaba en una llamada o incluso en una videollamada con la computadora, aunque la ama de llaves no recordaba con quién.
Algunos días Sarah salía diciendo que tenía una cita para comer con una amiga, vestida con un simple par de jeans y una camiseta, nada formal. Otros días se ponía sus pantalones de montar y desaparecía durante gran parte del día, volviendo con olor a caballo. Pero después de un año, Sarah la despidió dándole una generosa indemnización, un bono y una referencia elogiosa.
Alan no lo entendía.
Sin embargo, Ulima tenía algunas respuestas. Cuando Alan mencionó la falta de correo, ella le informó que Sarah no había recibido ninguna invitación. Como esposa de un empresario prominente, Sarah debería haber estado inundada de invitaciones a varios eventos, pero solo recibió unas pocas.
Según Ulima, ella nunca salía, excepto para reunirse con su amiga a almorzar cada dos viernes. Desafortunadamente, no sabía quién era la amiga ni dónde se encontraban.
Una vez más, Alan tenía más preguntas que respuestas. Suspiró y subió las escaleras hacia la habitación. Llamó a la puerta y entró para ver a Lucas desparramado en la cama como una estrella de mar.
—Luke, es hora de levantarse.
—Mmm...
—Luke. Arriba.
—¿Ya la encontraste?
—Luke, han pasado dos semanas. No sé qué decirte. La mujer es un fantasía. Te ha hecho “ghosting” oficialmente.
—Tiene que estar en algún lugar. —Luke se levantó lentamente, tomó sus anillos de matrimonio que guardaba al lado de la cama y los miró fijamente. El conjunto era simple, discreto, sin adornos. Ni siquiera había un solo diamante en ninguno de ellos—. Ella no desapareció de la faz de la tierra—.
—¿Por qué estás obsesionado con ella?
—No estoy obsesionado.
—Luke, te mudaste a la villa que evitaste durante tres años. Duermes en la cama que te negabas a compartir con ella. Todas las mañanas me preguntas si la encontré. Estás obsesionado. ¿Por qué? Durante tres años nunca le prestaste atención, ¿por qué ahora?
—¿Por qué se fue?
—Fue completamente ignorada por su esposo durante tres años y fue despreciada por la sociedad.
—¿Despreciada? ¿De qué estás hablando?
—Quiero decir que no eras el único que la ignoraba — explicó Alan—. Apenas recibió invitaciones a eventos de nadie.
El ceño de Lucas se frunció.
—¿Y el Mixer y la Gala de Año Nuevo y...?
—Esas eran invitaciones que recibiste, no para ella.
—No tiene sentido alguno.
—Es la verdad. Incluso Ulima lo dice. Ahora levántate. Dúchate, afeítate y vístete. Tenemos trabajo que hacer —dijo Alan. —. Tienes un almuerzo hoy.
Después de más insistencia, Lucas finalmente cumplió. La ducha era simple, sin sistema de sonido integrado ni interfaz digital. Estaba muy lejos de la que tenía en su condominio, pero no tenía quejas. Al entrar bajo el agua ardiente, hizo una pausa y tomó un recipiente de gel de ducha con aroma a miel y aceite de argán. Al abrir la tapa, respiró hondo inhalando el aroma ligeramente dulce.
Cerrando los ojos, casi podía imaginarla. Su figura esbelta cerca de la suya. Un sutil aroma afrutado parecía acompañarla y a veces se había preguntado sobre su perfume. Ahora sabía que era solo su jabón.
Lucas había revisado cada cajón, mirado cada estante. No había nada: ni perfume, ni joyas, ni accesorios, nada.
¿Dónde estaban todos los pequeños detalles personales que deberían estar esparcidos por todas partes? No podía ir a casa sin tropezar con las cosas de su hermana y madre, pero Sarah ni siquiera tenía maquillaje. ¿Por qué?
¿Por qué no había gastado nada del dinero que le dio? ¿Por qué ver su armario le hacía sentir como si estuviera viendo a una extraña? Si no lo amaba, ¿por qué se quedó durante tres años? Si lo amaba, ¿por qué se fue? Simplemente no lo entendía.
* * *
Lucas suspiró mientras se abría paso lentamente entre la multitud. El Almuerzo de Pascua se consideraba el comienzo oficial del calendario social, permitiendo a las empresas comenzar a buscar socios y promocionar sus proyectos futuros para los inversores. Varios le lanzaron miradas curiosas al verlo solo, pero él apenas les prestó atención mientras continuaba con sus pensamientos de la mañana.
—Oh, hola Lucas.
Parpadeando, se volvió para ver a Avalynn Prescott a pocos metros de distancia. Como siempre, su peinado y maquillaje eran sencillos, aunque parecía resplandecer en su vestido primaveral ligero y aireado que abrazaba su creciente barriga.
Después de pasar tantos años separados, Silas claramente estaba compensando el tiempo perdido y, a pesar de que Ava declaró que su cuarto hijo sería el último, esperaba otro bebé, y pronto.
—Te veo bien —saludó Lucas con una sonrisa poco entusiasmada.
—Gracias —dijo Ava sonrojándose y poniendo una mano en su vientre—. Espero que esta vez sea una niña. Lexi y yo estamos en clara desventaja en casa.
Lucas soltó una risa. Era cierto. Su último hijo también había sido niño, Isaac Prescott.
—De todos modos, siento mucho que Sarah no pueda estar aquí. Ella siempre anima una habitación.
—¿Qué se supone que significa eso? —Lucas preguntó con el ceño fruncido.
Ava parpadeó, cautelosa ante su repentino cambio de tono. Sacudiendo la cabeza, se alejó unos pasos.
—Nada.
—No. —Lucas extendió la mano y la agarró del brazo—. Querías decir algo con eso. ¿Qué sabes?
Ava gimió mientras su agarre se apretaba.
—¡Stanton! —Una voz autoritaria retumbó—. Retira tu mano, ¡ahora!
Lucas se puso alerta pero la soltó cuando Silas llegó hasta ellos. Tirando suavemente de Ava hacia un abrazo protector, le besó la sien antes de volver su atención a su visitante.
—¿Maltratar a tu propia esposa no es suficiente para ti?, ¿crees que puedes manejar a otra? —exigió Silas.
—¿Qué? Nunca toqué...
—Soy muy consciente —resopló Silas—. ¿Crees que el abuso físico es lo más perjudicial? El verbal y emocional hieren mucho más.
—¿De qué estás hablando?
—No te atrevas a actuar como si no supieras. Trataste a tu esposa como una sombra no deseada y ni siquiera la miraste en público, luego apareces con esa supuesta secretaria tuya adulándola y con suficientes joyas alrededor de su cuello como para hacer sonrojar a una reina. ¿Crees que el resto de nosotros no sabemos lo que estaba pasando detrás de puertas cerradas? Y usar ese anillo de matrimonio como si significara algo para ti. ¡Qué desvergonzado puedes ser!
Lucas frunció el ceño.
—¿De qué estás hablando?
—Lucas. —Se volteó para ver a Alan mirándolo con una expresión pálida y desamparada—. Afuera.
Alan sacudió la cabeza antes de llevarlo a una terraza vacía. El clima inusualmente frío mantenía a todos adentro y les daba algo de privacidad.
—¿Qué está pasando? —Lucas exigió—. ¿De qué estaba hablando Silas?
—¿De verdad no lo sabes? —Alan se burló.
—¿Saber qué?
—Todos saben lo mucho que odiabas a tu esposa. Quiero decir, apareces en galas con ella usando el mismo vestido n***o sencillo y ni siquiera la miras.
Lucas frunció el ceño.
—Luego llevas a Madeline de compras de vestidos de diseñadores y joyas antes de aparecer en lugares con ella colgada de tu brazo como una colegiala risueña yendo a su baile de graduación. ¿Cómo no van a pensar que tienes una aventura?
—Nunca la toqué. Lidia es quien la llevó de compras. Madeline solo se suma.
—¿Y cuál es la diferencia? —Alan rodó los ojos.
Sacando su teléfono buscó varias fotos antes de entregárselo. Lucas miró la pantalla y palideció. Las imágenes lo mostraban con Madeline probándose vestidos, modelando vestidos para él, eligiendo un nuevo collar, incluso asistiendo a varios eventos colgada de su brazo como había dicho Alan. A un lado había titulares que decían:
¡Una noche fuera!, pero ¿dónde está la señora Stanton?
¡Da la bienvenida a la futura señora Stanton dos!
—¿Qué es esto?
—Estos son los artículos que Eagle y otros han estado publicando durante los últimos dos años —dijo Alan—. Y estos son los titulares más suaves.
—Entonces, ¿la razón por la que Sarah nunca fue invitada a fiestas fue porque...
—Porque todos sabían que no significaba nada para ti y que nada bueno vendría de ser amable con ella. Era motivo de risas.
—¿Harían eso a una Stanton? —Lucas frunció el ceño.
—Luke, la trataste como si no fuera nada. Solo siguieron tu ejemplo. Me sorprende que haya permanecido tanto tiempo. No conozco a ninguna mujer que hubiera aguantado la mitad de eso a menos que… a menos que realmente te amara.
Lucas palideció. ¿Podría ser cierto? ¿Sarah tenía sentimientos genuinos por él? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué no dijo nada? ¿A dónde fue?