Ulima ya estaba ocupada en la cocina cuando Sarah bajó las escaleras. Lucas se apoyó en la encimera sorbiendo de una taza de café. Llevaba jeans y una sencilla camisa abotonada, por lo que parecía probable su intención de no ir a trabajar. —Buenos días, señora —saludó Ulima entregando su taza de té matutino habitual antes de volver a la estufa donde tenía huevos revueltos, frijoles y pimientos cocinando. Sarah sorbió su té sintiendo la familiar picazón de estar siendo observada. Miró en dirección de Lucas para verlo mirándola en silencio como de costumbre. Una de las razones por las que lo ignoraba era debido a la intensidad de su mirada. Siempre que la miraba era como si alguien viera un filete por primera vez después de un ayuno. —¿Podemos hablar? —preguntó Sarah finalmente señalando

